Derechos

Artículo publicado en El Observador Prensa Libre – Aquí disponible

Viajo en un tren de alta velocidad Barcelona-Madrid. El tren puede alcanzar los 310 km/h. Es, después de todo, el s XXI. Casi podemos controlar nuestra vida desde un teléfono celular inteligente. En ocasiones, parece, al menos, almacenar más vida inteligente que este planeta. A mi lado se sientan una madre de unos cincuenta y cinco años con su hija veinteañera. La madre habla en un tono de voz de esos que se proyectan a todo el vagón. Incluye en su diálogo muletillas de tal manera que parece que siempre hablara de lo mismo, en una conversación cíclica. De repente, ella también ciudadana del s XXI, saca su tableta digital para buscar una dirección y enviar un mensaje navideño. Su hija le insiste en que existe una forma de hacerlo más rápida. Entonces, la madre le espeta: “¡Qué pesada eres! ¡Así nunca vas a encontrar novio!” Pienso que no entendí bien. Pero no, no se trata de una frase de la película que se proyecta en la pantalla porque no me puse los auriculares. La frase la dijo casi sin darse cuenta, como algo habitual, y la hija se ha callado. Imagino que está ya acostumbrada a este tipo de frases y que incluso, cuando está con un amigo, se calla también, para no resultar pesada.

Sé que las mujeres hemos adquirido derechos a lo largo de este último siglo que son innegables pero, a veces, este tipo de comentarios, me hacen perder la fe en la seriedad con que la sociedad se toma el papel de la mujer como individuo inteligente que puede tomar sus decisiones o expresar ideas propias. No ha sido una buena semana en España para los derechos de la mujer. El ministro de justicia, Alberto Ruíz Gallardón, ha cambiado la ley por la cual el aborto era un derecho regido por plazos desde 2010 y se convierte ahora en un delito despenalizado en ciertos supuestos (violación y grave peligro para la vida o la salud psíquica de la mujer). Si existen malformaciones fetales, por ejemplo, éstas no serán motivo de interrupción. Es una ley que no cuenta con el respaldo de la sociedad en su conjunto y sí con la del ala más conservadora de su partido a la que se vio forzado a compensar por los recortes económicos y la subida constante en los suministros que, además, incrementarán al inicio del nuevo año. Europa no ha tardado mucho en mostrar su sorpresa y rechazo, incluso desde la derecha, porque no se entiende una ley que recorte los derechos de la mujer dentro de un marco europeo. Pero el partido en el poder tiene la mayoría en el Parlamento y pueden aprobar una ley aún sin el respaldo del pueblo al que representa. Si algunos creían que se iba hacia atrás, ahora la mayoría declara que nos acercamos cada vez más a los tiempos de Franco.

Ciertamente es una ley que desprotege a aquellas con menos medios que no puedan desplazarse a otros países europeos o acudir a clínicas privadas “más permisivas”. Estas leyes aprobadas para complacer o distraer de otros problemas de la sociedad española actual, no cuentan con la aprobación general pero, aún así, no producen la indignación que pudiera hacer caer al gobierno. Aunque la ley produzca rechazo, lo que atañe a la mujer nunca se considera tan importante. La economía sí lo es y la derecha, en las mentes menos pensantes de la sociedad, es buena en economía aunque todos los datos demuestren lo contrario. Se supone que ahora yo tendría que escribir un decálogo de los motivos por el cual las mujeres tienen derecho al aborto y de alguna manera justificarlo explicando situaciones trágicas e irreversibles, pero la verdad es que no creo que deba justificar un derecho. Además, muy a pesar del señor Gallardón, es una realidad que se seguirá practicando sea cual sea el marco legal.

Me preguntaba si la señora del tren que de alguna manera le recriminaba a su hija su falta de sumisión, estará contenta con esta ley. Lo dudo. Pero dentro de la formación de su personalidad subyace esa creencia de que las mujeres tenemos que adaptarnos y ante todo ser atractivas a la vista, no tener opiniones rotundas y no decir palabrotas. A veces, me da la impresión de que los cambios se realizan a un nivel superficial o, quizás, sólo se trate de esperar. Y digo yo, con tanta tableta digital y teléfono inteligente, ¿no será hora de que hagamos una reflexión seria sobre nuestra idea de género? Puede que el 2014 sea el momento y que deba empezar por cada uno de nosotros. Piénsenlo.