Mi primer Lenguando

El pasado fin de semana, el 15 y 16 de noviembre, fui a mi primer Lenguando, que se celebraba en Logroño (ay sí, esas rimas). La verdad es que yo me había apuntado principalmente porque lo organizaba Isabel Espuelas (ya había asistido a un curso de corrección y estilo de Cálamo&Cran organizado por ella en Logroño que había sido excelente) y porque podía visitar a mi amiga y colega Mónica Pérez.

Lo que me atraía del encuentro era principalmente que no pretendía reunir solo a traductores sino también a periodistas, escritores, correctores, profesores y amantes de la lengua en general. Y es esto justamente lo que más me gustó de Lenguando (junto con la comida, bebida y compañía que son prioritarios obviamente) y en lo que pienso que radica el éxito y hallazgo de los organizadores y sus muchos colaboradores.

Lenguando a la riojana estaba dividido en ponencias y talleres. La verdad es que me fue difícil elegir los talleres así que decidí dejarme llevar por el instinto y las ganas de divertirme. Aunque tengo que decir que me hubiera gustado asistir a muchos otros, acerté de pleno, a saber:

«Síndrome del folio vacío» de Miguel Santolaria. Fue como entrar en un sueño donde descubrimos a Zirano, un portal que nos ayuda a «ensartar» ideas. Un trabajo increíble que busca sucesor, así que ya sabéis, será más útil que buscar errores o erratas de otros traductores (con cariño).

«Creando mundos literarios que venden» de Santiago García Clairac fue un taller inspirador. No sólo por sus ideas sobre las tramas sino también por sus anécdotas sobre cómo un publicista se hizo escritor juvenil. Elegante e instructivo. Podéis seguir sus novelas aquí.

«Poderes mágicos de la escritura espontánea» de Chema Gómez fue un deleite. ¡Qué capacidad tiene Chema para atraparte y no querer perder ni una sola palabra de lo que dice! No sólo fue inspirador sino que además nos hizo reír y ¡JUGAR! No os perdáis nada de lo que haga Chema. Si queréis más datos podéis ir aquí.

«Caminos de inspiración» de Victor J. Sanz nos ofreció una lista de recursos, unas veces juegos de palabras, otras veces de imaginación para encontrar la inspiración. Algunas de las propuestas pueden ser divertidas pero me faltó la parte práctica, la verdad, no en vano soy traductora.

De las ponencias, Isaías Lafuente, de la Unidad de Vigilancia Lingüística, nos ofreció una ponencia amena abogando por desencorsetar el lenguaje y mantenerlo siempre vivo. ¡Miembras de la sala, presentes! El periodista Toño Fraguas nos habló del «arte del refrito» en periodismo que me llevó a mí, e imagino que a la mayor parte de los traductores (al menos técnicos), a mi mundo de «cutipaste» traductoril y de «a cómo va saliendo el kilo de palabras». Además, Gabriel Cabrera nos animó con un juego muy currado de preguntas y respuestas donde nos unimos con otros lenguantes, lenguantas y lenguantos (¡Viva el equipo vascuence!). Tengo que decir que la ponencia final, «De Quijotes y quijotes» de Emilio Pascual, me devolvió a un tiempo donde los ponentes lo eran porque habían estudiado mucho un tema y lo querían compartir. Una lástima la acústica de la sala porque todo lo que explicó Emilio de Cervantes y Don Quijote era exquisito. Xosé Castro cerró el evento con una presentación amena sobre «horrores», errores y otros hallazgos.

Y por si esto fuera poco, también fuimos de excursión a San Millán de la Cogolla para visitar la cuna del español y eukera (¿euskara?). Fue también mi primera vez y, por ende, emocionante. Se las dejó  (atención a ese «ke» como bien apuntó Jose Luis Díez):

Cono aiutorio de nuestro dueno dueno Christo, dueno Salbatore; qual dueno get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione cono Patre cono Spiritu Sancto enos sieculos delo sieculos, facamus Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amén.

Con la mediación de nuestro Señor, don Cristo, don Salvador, que comparte el honor y la jerarquía con el Padre y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos, Dios omnipotente nos haga servir de tal manera que nos encontremos felices en su presencia. Amén.

Felicitaciones pues a todo el equipo de Lenguando y a Isabel por organizar todo con tanto esmero (sí, soy muy fan). Si quieren participar Vigo será el siguiente escenario en febrero 2015. Más información aquí.

En la cocina con Xènia Dyakonova

Xènia Dyakonova (San Petersburgo, 1985) es una poeta rusa residente en Barcelona. Acaba de recibir el segundo premio Brodsky de poesía en la modalidad Ciclo de poemas que se otorgará a finales de noviembre en la Casa Ajmátova de San Petersburgo. Xènia suele publicar sus poemas en revistas en Rusia (Zvezda, Neva i Novy Mir) donde ha ganado varios premios además de éste que menciono aquí. Sus poemas se han publicado en revistas, antologías (50 Poemes amb àngel, Ara Llibres) y ha participado en numerosos recitales. Además, ha traducido a varios autores rusos al castellano y al catalán (El monjo negre de Chéjov, Laertes; És tot el que tenim de Alexander Kushner, Llibres del segle; Días únicos de Pasternak, Visor de Poesía; Relats de Kolimà de Shalámov, Dias contados). Colabora también en varios periódicos en Cataluña como Núvol, Avui y Ara.cat con artículos sobre literatura y teatro. Da clases en la Escola d’escriptura de l’Ateneu de Barcelona.

No deberían de temer aquellos a los que la poesía se les hace cuesta arriba. Sus poemas tienen una combinación de lenguaje cuidado y claro a la vez que son casi juguetones pero nunca ligeros o superficiales. Quizás lo que más me gusta de su poesía es que es próxima, muestra un especial cariño por las pequeñas rutinas de las personas, también sus miserias, vergüenzas y pequeños logros. Todo lo observa a través de un cristal risueño, al mismo tiempo que nos eleva hacia un mensaje filosófico, que casi podría ser místico.

Mientras esperamos poder leer a Xènia en castellano les dejo algunos de sus poemas en catalán (traducido por la propia Xènia) y la traducción al castellano realizada por servidora (intenté mantener la métrica y la rima de los versos de Xènia cuando estaba presente como ejercicio propio pero son muy mejorables, claro está).

Et queda bé, Plàcido, aquest plomatge groc! La gàbia també és un instrument de corda, però la teva veu no necessita acompanyament: hi ha dies que baixa a les mines del cor amb una petita llanterna, i algun dissabte esborra les barres del balcó i em porta amunt, més amunt dels plàtans, tan ràpid que no tinc temps ni de vuere-li la cara ala noia que surt de cal Mingo rient perquè porta un gat en una capsa de sabates.

¡Qué bien te queda ese plumaje amarillo, Plácido! La jaula también es un instrumento de cuerda, pero tu voz no necesita acompañamiento: hay días en que baja a las minas del corazón con una pequeña linterna y algún que otro sábado, borra los barrotes del balcón y me eleva, me transporta más allá de los plátanos, tan rápido que no tengo tiempo de verle la cara a la chica que sale de Cal Mingo riéndose porque lleva un gato dentro de una caja de zapatos.

Quan cuino, és como si ho posés tot a risc,

i escampo la sal, li agafo mania

a cada llumí. Quin remei! Poso un disc,

i Bach i Beethoven em fan companyia.

Arrenca, fantàstic, el vol del violí

damunt la cassola amb aigua que ulula,

i les melodies són un remolí

que esquitxa la taula, fent taques a l’hule.

Que estrany! Tantes notes, en un dos per tres,

m’arriben al cor, quan estic enfeinada,

però si ecoltant-les no faig res de res-

no hi caic, em distrec, tinc la ment despistada.

Qui sap si és igual la recerca de Déu,

i mentre et dediques a les petiteses

banals, quotidianes, és més a prop teu

que si reflexiones, el crides i reses,

i si no el preguntes, et dóna resposta

de més bona fe, que si el temptes a posta.

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Todo está en peligro cuando cocino,

derramo la sal, le agarro manía

a la cerilla. No hay remedio, opino.

Bach, Beethoven me hacen compañía.

Alza, fantástico, el vuelo el violín

a la cazuela de agua cantarina,

melodías saltan en trampolín,

salpican la mesa y el hule se arruina.

¡Qué increíble! Las notas, de repente,

me llegan al alma si estoy ocupada,

pero cuando escucho nada se siente,

incluso la mente va despistada.

Si buscáramos a Dios es posible

que mientras te afanas en las tareas

banales, diarias, sea más visible

que si meditas, rezas, lo mareas;

si no le preguntas, te da respuestas

con más agrado que si lo molestas.

Independencia

Artículo publicado en El Observador Prensa Libre disponible aquí.

El 18 de septiembre, una mayoría de escoceses, un 55.3 %, votaron que «No» a la independencia. Pero la carrera hacia ese día había sido más accidentada de lo que esperaba el gobierno conservador porque los votantes del «Sí», que finalmente fueron un 44.7 %, habían ido in crescendo a medida que se acercaba el día señalado. El gobierno respiró aliviado, al menos por ahora.
Desde Cataluña se seguía la evolución de la votación con una mezcla de expectación y de admiración. El periódico conservador La Vanguardia, publicaba un anuncio de una página felicitando a los escoceses por el mero hecho de poder votar. Un anuncio, en realidad, dirigido con cierta sorna al gobierno central que no permite en Cataluña el referendo para decidir su independencia. Prohibir algo, como ya se sabe, es despertar el deseo. Si en 2012, tras el anuncio unilateral del gobierno catalán de que el 9 de noviembre de 2014 se llevaría a cabo la consulta, el gobierno central hubiera abierto el diálogo y facilitado la votación, hoy por hoy seguramente estaríamos ante un electorado en su mayoría favorable al «No». Si antes en una conversación informal los amigos no estaban interesados en el referendo o preferían permanecer en España, ahora lo frecuente es que estén a favor de la consulta y de la independencia. La negativa ha contribuido a que cada vez más personas apoyen no sólo el derecho a votar sino también la independencia.
Existen similitudes y grandes diferencias entre las realidades históricas y sociales de Escocia y Cataluña. Es evidente que la gran tensión social, provocada por la crisis mundial y los recortes sociales, inclina a que algunos escoceses y catalanes se planteen que estarían mejor separándose de un estado central que decide en contra de sus intereses. Es posible que la gestión a pequeña escala redunde en el bienestar de sus habitantes, eso preconizan muchos de los que están a favor del «Sí». En el caso de Escocia, laborista por antonomasia, la situación es extrema ya que la representación escocesa en el gobierno central conservador es mínima. En Cataluña, en cambio, la derecha nacionalista ostenta el poder y sus planes económicos no son my diferentes a los de Rajoy. Esta derecha supo hacer suyas las protestas de los ciudadanos y canalizarlas en la lucha por la consulta y así ocultar otros problemas sociales y económicos.
El pasado 11 de septiembre, una semana antes del plebiscito escocés, día nacional de Cataluña, se organizó en Barcelona la formación de una «, de victoria y votar, en dos de las principales arterias de la ciudad con los colores de la bandera catalana. La organización estaba a cargo de la Asamblea Nacional Catalana, un organismo civil que ha canalizado la lucha por la independencia y que no está afiliada a ningún partido pero que cuenta con el beneplácito de los partidos independentistas. Si a raíz del escándalo de corrupción delexpresident Jordi Pujol (sí, chorros hay en todos lados y, en este caso, muy cerca del govern) se decía que la participación sería más escasa que el año anterior, cuando se organizó una cadena humana por la costa catalana de 400 km, los ciudadanos salieron a la calle en una marea de amarillos, rojos y banderas independentistas. El éxito de la convocatoria debe de haber dejado a Mariano Rajoy pensando en el tremendo embrollo en que se había metido. Había personas de todas las edades. Muchos luchaban por el sueño catalán o querían inspirar a los más jóvenes; otros protestaban por el recorte a sus derechos sociales; algunos, contrarios al modelo económico capitalista, aprovechan la coyuntura para pedir una sociedad diferente. Como ven es amplio el mosaico de ideologías y deseos aglutinados bajo la idea de independencia.
¿Qué pasará hasta el 9 de noviembre? ¿Se permitirá el referendo? ¿Se convocarán nuevas elecciones en Cataluña? ¿Desobediencia civil? Yo, a veces, me siento como si viviera en la casa de un matrimonio que se lleva muy mal y hace mil que se quiere divorciar. Los familiares de ambos lados te rompen la cabeza y uno quiere que finalmente tomen una decisión.

¿Hacia dónde vamos?

Artículo publicado en El Observador Prensa Libre disponible aquí.

«Una sociedad como la nuestra donde los ricos invierten millones en evitar que suba el salario mínimo de aquellos que se hunden cada vez más en la miseria y donde se sabotea la cobertura médica para los que más la necesitan, no es una auténtica sociedad sino un estado de guerra, como diría Mark Twain.»

Esto publicaba el poeta serboestadounidense, Charles Simic en el blog The New York Review of books (http://www.nybooks.com), el 5 de agosto. Él sabe muy bien de lo que habla. Nació en 1938, vivió y sufrió las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Los que conocen sus poemas saben que las referencias son innumerables. Carencias, sufrimiento, emigración. Que Simic, un escritor que vivió tan de cerca la devastación bélica piense que vivimos un período similar, da para pensar. En España este estado de tensión social llegó hace años, antes incluso de que estallara la crisis en 2008, pero ahora acampa a sus anchas sin pudor, con una desfachatez e impunidad vergonzosas. No sé cómo se explicará este período en los libros de historia, pero ¿cómo nos afecta en el día a día?
A los argentinos que nos gusta ganar a veces en cosas inexplicables nos parece que lo que se vive hoy en España ya lo hemos vivido cien mil veces antes y que ahora lo que tienen que hacer es bancársela. Yo creo, en cambio, que lo que pasa ahora tiene marcadas diferencias. Antes, ante una o varias crisis locales siempre quedaba un ideal, un lugar al que se podía ir y con el que se fantaseaba (sí, quizás erróneamente) y donde creíamos que existían valores democráticos y sociales verdaderos y duraderos, que existía algo mejor y que una vez llegados a ese lugar sería como encontrar el Santo Grial o alcanzar el cielo en la rayuela de nuestra vida. Ahora, en cambio, no sólo ha desaparecido ese paraíso imaginario sino que además todos sabemos por qué, ni siquiera se ocultan las pruebas, se declara abiertamente que ese 1% controla la sanidad, la educación, las pensiones y que su intención es privatizarlo todo para luego revenderlo a los mismos que lo financiaron en primer lugar. Es un atraco a plena luz del día y todos los sabemos. Los salarios bajan hasta que la única posibilidad que existe es comprar en los mismos supermercados que el 1% abastece de productos de dudoso origen (no sólo por su calidad sino por la forma de obtenerlos) y nos venden unas vacaciones de bajo coste en vuelos de seguridad dudosa.
La vida de cada uno se ve afectada: el amigo que no sabe si cobrará a final de mes, confía y espera que sí; la amiga que trabaja horas interminables, noches y fines de semana, sin cobrar más que el mínimo porque a los arquitectos ya no les queda qué construir; el otro que trabaja en unos grandes almacenes por un salario que no le daría ni para pagar el alquiler de una habitación y que, aun así, tiene que aguantar la supervisión constante con cámaras. Todo debe hacerse sin quejarse porque «esto es lo que hay»: salarios congelados hace años, más responsabilidades, horarios «flexibles», menos prestaciones, bajada de precios a los proveedores. Y si no te gusta, te callas, no quedan energía ni ganas, además nadie te apoyará.
Este estado provoca que se pierda la fe en derechos conseguidos, el pensar «que te exploten está mal», «no descansar está mal», las ganas de luchar porque el sentimiento es que todo está perdido, que no podemos controlar lo que pasa, ni los gobiernos pueden. Nos estamos convirtiendo en una sociedad competitiva por un trocito de vida que es la mitad de lo que se tenía antes y el doble de caro. Nos estamos acostumbrando a eso. Nos relacionamos en base a esos nuevos valores, criticamos a quienes critican o se quejan y queremos pensar que cada uno tiene lo que se merece y que es el momento de los «emprendedores». Las similitudes con 1984 de Orwell producen escalofríos y no sólo porque exista un Gran Hermano sino porque este nuevo mundo abandona el espíritu de lucha, de comunidad, de solidaridad. En definitiva, se deshumaniza.

Nuestra vida entre mundiales

Artículo publicado en El Observador Prensa Libre disponible aquí.

Hace cuatro años empecé a escribir en este periódico con una crónica sobre el Mundial en Sudáfrica, en el que ganó España. En esa otra crónica les contaba lo distinto que se vive una copa en un país tan intensamente dividido como España. Aquí, en Cataluña, la celebración palidecía en comparación a una celebración patria.

Pero ¿cómo se vive un Mundial acá cuando Argentina juega una final contra Alemania?
Según las estadísticas, que se trasmitían por la televisión momentos previos al partido, un 70% de los españoles querían que ganaran los germanos. ¡España nunca dejará de sorprenderme! Es cierto que muchos brasileños querían lo mismo pero es más comprensible por la rivalidad histórica y porque, por qué no decirlo, los maltratamos bastante durante el torneo y porque además si ganaba Alemania era como si Brasil hubiera perdido menos. Pero ¿España? ¿Qué motivos tenía? ¿Qué le habíamos hecho? ¿Y la madre patria? ¿Y los lazos de sangre y culturales? No se me ocurrían demasiadas explicaciones así que me dediqué a preguntarles a los más allegados. Estas fueron algunas de las respuestas recogidas en ese tiempo:
“Es el mejor equipo del mundo y se merece ganar”.
Aunque esta respuesta me parecía un pelín exagerada era cierto que el equipo teutón había hecho un gran Mundial y había eliminado a Brasil de forma épica, un partido que se recordaría más incluso que la propia final. Los fans del “tiki-taka” en cualquiera de sus versiones y algunos fans de Guardiola (que era ahora entrenador del Bayern Munich) se encontraban en este grupo.
“Argentina no ha jugado bien y no se merece ganar”.
Era la otra cara de la moneda. Esta afirmación me dejaba un poco perpleja. Me preguntaba si las personas que decían esto, creían que era fácil llegar a una final. Parecía la respuesta de aquellos que cuando su equipo no gana una medalla de oro en una competición de alto nivel, hablan de “fracaso”. Quizás estas personas habían visto otro Mundial. Tantas veces las selecciones van creciendo a medida que avanza la competición.
“Soy de la selección alemana desde chiquitito”.
Como España sólo llegaba a cuartos y ni soñaba con ser campeona por aquel entonces, se buscaban un equipo alternativo. Esta opinión me gustaba más porque era más poética y quizás fuera la más válida. Después de todo es el mismo motivo por el que una persona va con la selección de su país. El cariño al lugar de origen. Como decía Gabriel García Márquez, al final siempre volvemos a nuestra infancia. Apoyar a tu equipo de la infancia es como volver a un lugar feliz.
“Porque los alemanes son europeos y nosotros también”.
De acuerdo, la geografía tiene un peso. Después de todo, los argentinos apoyamos a la selección argentina porque nacimos ahí, aunque sea un accidente geográfico, el lugar de origen marca. Pero, y este “pero” es importante, ¿no son más importantes los lazos culturales? E incluso los lazos afectivos, que hacen que yo, por ejemplo, prefiera que gane España en un España-Holanda. ¿No existe una lengua común? ¿No tienen más familiares, amigos, escritores favoritos en Argentina que en Alemania?
Misterios… Quizás existieran otros motivos encubiertos y menos nobles que no se atrevían a confesarme. Lo cierto es que España en general nunca ha sido una gran simpatizante de la selección argentina. Supongo que uno tiene un motivo que expresa y otro más profundo, y que las razones para ir con una selección u otra obedecen a miles de factores casi inexplicables: geográficos (lugar de nacimiento, de adopción), futbolísticos (un jugador, un entrenador, un equipo favoritos), afectivos (simpatía por el que nunca gana o por el que siempre gana) y un largo etcétera.
No se desanimen, claro que había personas que querían que ganara Argentina porque querían mucho a Messi; habían elegido a Argentina como su selección (como jugaban Messi y Mascherano era como si jugara el Barça); tenían un amigo/a, novio/a, familiar argentino/a; simplemente no querían que ganara Alemania o porque, como tantos de nosotros, eran argentinos que veían el partido desde el otro lado.

¿Paraíso tropical?

Artículo publicado en El Observador Prensa Libre disponible aquí.

Cuando me dijeron que tenía que ir a Singapur, por una reunión de trabajo, intenté ubicarlo en el mapa pero, para mi vergüenza, se me confundieron todas las fronteras del sudeste asiático. Así que lo primero que hice, secretamente para que no se notara mi ignorancia, fue consultar los mapas de Google. Quería saber cuál era la distancia con respecto a Beijing, que era mi siguiente destino, y descubrí que está relativamente cerca, 6 horas de avión, pero distante en todo lo demás. Singapur es una ciudad-estado con aproximadamente 5 millones de habitantes en contraposición a los 1,300 millones de China. Ocupa además el tercer puesto en países con la renta per cápita más alta del mundo, 64 mil $ al año (frente a los 9 mil $ de China, según el FMI), lo que lo sitúa delante de otros más conocidos por su riqueza como Estados Unidos, Suiza o Noruega. Está formado por 63 islas que se encuentran en el extremo sur de Malasia, de la que se separó en 1965, tras proclamarse la independencia del Reino Unido. Es, por tanto, un país muy joven que ha conseguido en estos últimos cuarenta años subirse a la lista de los más ricos de forma casi meteórica. Todo un ejemplo.
Imaginé con esta información que me encontraría con un paraíso tropical y, lo cierto es que al sobrevolar la isla, uno queda maravillado por lo frondoso del paisaje, el color índigo del mar, las playas (sorprendentemente desiertas) y el intenso tráfico de la costa (repleta de barcos de mercancías). Pero las sorpresas no se acaban aquí. Por la autopista de camino al hotel, llama la atención la profusión de flores tropicales y el prolijo cuidado del césped a ambos lados de la ruta, salpicada de plantas de un verde intenso. ¿Sería verdad? ¿Habría llegado por fin al paraíso? ¿Cómo era posible que supiera tan poco de este pequeño país?
Después de dejar la valija en el hotel y ponerme cómoda para pasear con una temperatura de 32º (con un alto porcentaje de humedad) y colocar en la mochila un impermeable (la lluvia es algo impredecible por estos lares), salí a descubrir si, en efecto, había hallado el paraíso en la Tierra. Al merodear por la ciudad se aprecian de inmediato varias de las características más destacadas de Singapur. Todo el mundo habla inglés. No es de extrañar ya que es una de las cuatro lenguas oficiales además del chino, malayo y tamil. Todo está muy limpio. Existe un riguroso control y las multas por arrojar basura, por ejemplo, pueden alcanzar los 250 $. Está prohibido comer chicle y fumar. Conviven varias religiones en asombrosa armonía: el budismo, el islam, el cristianismo, el taoísmo y el hinduismo, entre otras. Esta diversidad religiosa es un reflejo de una diversidad étnica paralela que se hace evidente en la división de la ciudad en barrios comoChinatown y Little India. Es un verdadero lugar de mestizaje. Como los medios de transporte son baratos, limpios y fáciles de utilizar, me trasladé de un lugar a otro con la sensación de que había visitado China, India y Corea en pocas horas y sin necesidad de tomar un avión. Los singapurenses te tratan con la amabilidad asiática de la que tanto había oído hablar pero que no es frecuente en China donde la vida es mucho más dura para el turista y también para los nativos.
¿Es oro todo lo que reluce? La vida en Singapur parece idílica pero la perfección, lectores, no existe. Aunque es una democracia parlamentaria, el mismo partido ostenta del poder desde la independencia y Lee Kuan Yew permanece en el gobierno con distintos cargos en algo que tiene tintes de poder vitalicio mientras que su hijo Lee Hsien Loong es el Primer Ministro. Las leyes son más que estrictas y vulneran, en ocasiones, los derechos humanos (pena de muerte por tráfico de drogas, azotes con vara), la libertad de prensa está restringida y el estado, militarizado. El precio de vivir en Singapur es elevado ya que se tienen que importar una gran cantidad de bienes, y no existe un estado de bienestar per se, de manera que si una persona pierde su trabajo no cuenta con una red de ayuda inmediata. La sociedad está basada por completo en la meritocracia, un modelo que, según dicen, ofrece oportunidades a los que más se esfuerzan. Sin embargo, la educación no es gratuita y el grado de competitividad que genera es elevado entre los jóvenes aunque el estado haga hincapié precisamente en la educación.
En definitiva, puede que Singapur no sea el paraíso que imaginaba pero podría ser un destino fácil para quien quiere visitar Asia sin los inconvenientes del idioma o de un sitio más “exótico”. Eso sí, mezclar el calor tropical con un delicioso curry quizás no sea lo más recomendable para los estómagos más sensibles.

Una rosa roja: Sant Jordi

Artículo publicado en El Observador Prensa Libre disponible aquí.

Hoy me iban a regalar una rosa roja. No pudo ser. Tuve que elegir entre acudir a una cita o escribir esta crónica. No, no es que tenga una lista interminable de admiradores que pueda abandonar por las esquinas como mueble viejo sino que el 23 de abril se celebra en Cataluña el día San Jorge (Diada de Sant Jordi), su patrón, que es además el día de los enamorados. La tradición marca que se regale una rosa roja o un libro y, si hay suerte, ambos a la persona objeto de nuestra devoción.
Cuenta la leyenda que en Montblanc, un pueblo de la provincia de Tarragona, vivía un feroz dragón que mataba a personas y animales por igual. Para aplacar sus deseos insaciables, se escogía por sorteo a una persona que se ofrecía en sacrificio. Quiso la fortuna que un buen día la persona en cuestión fuese la hija del rey (Fortuna juega esas malas pasadas). Por suerte para ella, justo en ese momento y cuando ya se daba todo por perdido, el rey lloraba desconsolado y la reina estaba postrada en una cama sin querer presenciar todo aquello, apareció un caballero andante que, espada en mano, se enfrentó al dragón y lo mató. De la sangre derramada nació, así un poco por arte de magia, un rosal de rosas rojas en aquel lugar. Imaginemos que el caballero se llamaba Jordi y que del rosal arrancó una flor y se la regaló a la hija del rey. Después de esta gesta, con bouquet incluido, seguramente el rey le concediera un ducado o marquesado e incluso la mano de su hija. (Ya sabemos que las mujeres no participaban demasiado de la acción en esos tiempos.) Pero volvamos a la versión popular de San Jorge. Parece ser que este santo había sido un soldado romano enviado a perseguir cristianos pero él, conmovido por esta nueva religión, se negó a hacerlo. Por ello perdió la cabeza, literalmente, pero a cambio ganó la vida eterna, se convirtió en santo y, algunos siglos más tarde, en patrón de Cataluña (e Inglaterra entre otras). Si a esta mezcla de fantasía y fe cristiana le unimos la idea más reciente de algunos escritores catalanes de celebrar un día del libro que se fijaría el mismo 23 de abril, y que posteriormente la UNESCO marcaría como el Día Mundial del Libro, nos topamos con este famoso festejo popular.
En la actualidad, en toda las localidades catalanas se colocan en las calles principales, puestos de libros y de rosas, en algunas ocasiones se puede escuchar música o una lectura en directo. Miles de personas compran un libro o una rosa mientras pasean en pareja, en familia, con amigos o solos. Todo el mundo vende rosas: voluntarios por una buena causa, estudiantes por un viaje de estudios, los floristas por aumentar beneficios y otros por ganar algo de dinero. Como también se trata del día del patrón, las calles y balcones están decorados con la bandera catalana y algunos partidos políticos (desde independentistas hasta partidos en defensa de los animales) tienen sus propios puestos donde reparten panfletos y explican en qué consiste su programa. Evidentemente las librerías están abiertas de par en par y muchas cuentan con un puesto adicional en las vías principales. Los escritores más conocidos fijan hora de firma de sus libros y se forman largas colas que dificultan aún más el paso. En los últimos años, se ha unido a la fiesta el llamado “escritor mediático”, una persona que se ha hecho famosa, generalmente en la televisión, que escribe una biografía o un libro de recetas de comida vegetariana y que aprovecha para ganar un sobresueldo vendiendo libros en esta fecha tan señalada. Algunas personas critican la comercialización de la fiesta y las incómodas aglomeraciones, pero realmente es una fiesta popular y todos pueden tener su lugar. Al final del día, las terrazas se llenan de personas que coincidiendo con el buen tiempo se toman algo con su rosa roja o con un libro nuevo.
Y mientras tanto yo aquí, sin mi rosa, escribo esta crónica. El amor puede esperar pero nuestra cita es ineludible. Que la disfruten.