Anna Bou es la última mohicana

ultima mohicana

En 2012, Anna Bou Jorba gana el XXXVII Premi Vila de Martorell, en la modalidad Poesía catalana, con su poemario L’última mohicana. Curbet Edicions publica el libro y Neurosi distribuye la versión electrónica.

El poeta y traductor Francesc Parcerisas describe acertadamente en el prólogo cómo Anna Bou crea un mundo personal a partir del placer de la imaginación como lo hace un niño que juega a ser otro para comprender el mundo en el que vive. Un mundo lleno «de ironía y reflexión, amargura y sarcasmo».

Su gran acierto es proponernos en cada poema un juego, en el que a veces entramos y en el que otras nos limitamos a observar como si se tratase de una muñeca rusa, un cubo de Rubik o una caja con música de Stravinsky, siempre fascinados por el misterio de la propuesta. Podemos sentir que transitamos un mundo desolado pero con la alegría de saber que todavía estamos ahí, transitando. A veces, pareciera que los poemas están habitados por un diablillo que juega con los elementos y los invierte para ponerle la zancadilla a una persona que camine por una calle de una ciudad cualquiera o, incluso, de una ciudad fantasma. Nunca por maldad o soberbia sino por juego.

En 2015 saldrá su segundo poemario, Acadèmia d’idiomes invisibles de Meteora Editorial. En esa espera, les dejo algunas traducciones seguidas por sus originales en catalán para que puedan saborear en castellano los poemas de Anna Bou.

La última mohicana

Fui a ver «El último mohicano»
con mi madre.

Entramos en el cine y nos adentramos en la película
porque ese amor arbolado, rama pura,
savia de mi savia, naturaleza
de la sangre; no es el del padre
indio y su hijo, es el de mi madre
y yo.

Mi madre: «Águila de Pecho Rojo».
«Nube que Amamanta a las Lobas».
«Chingachgooka de Piel Pálida».
Raíz de mi cabellera
muda.

Se acaba la película de fuera de la película.
Salimos del cine. Llueve aire.
Los faros de los coches como ojos
de lobos metálicos.
Los pasos de cebra como una alfombra
de piel sobre el asfalto
extranjero.

Y yo, «Ojo de Halcona
Ciega»,
devorándome el corazón.

El calcetín infiel

El amor es como un par de calcetines:
una Capuleto y un Montesco de lana,
un sobrevivir a la ropa sucia,
un caminar des/pegados
cada uno a su aire,
un estar tendidos al sol del domingo,
un desteñir juntos. Un desteñir.
Juntos.
Pero el destino centrifuga y separa.
Si se te desempareja un calcetín
no preguntes.
Es que está con otro.
Ponte un calcetín de color rojo libre
con un verde limón que robe el corazón,
traspasa una puerta repleta de calle
principal
asfaltada y quizás con luces recicladas,
y pisa.
Y pisa fuerte
con la cabeza bien alta,
como si ya no existiera el frío.

El jamón morboso

En Navidad envío un jamón
a la Muerte.
¿Chantaje? Llamémoslo un detalle.
Quiero que ignore mi nombre
cuando pase lista de objetivos anuales.
El jamón con más estrella michelin de la cosecha.
No escatimo ni un céntimo ni una Jota.
Un lazo de un negro perfecto. Un ruego blanco.
Una nota.
Una nota sencilla:
POR FAVOR, TODAVÍA ES PRONTO.
Y así cada año.

¿Debería confesar mi soborno?
¿La razón grasienta que detiene al azar?
Enciendo la tele y crecen los muertos
emparedados entre noticias
por esas que damos un puñetazo en la mesa;
lo sé, es la manera cínica y moderna
que se inventa la Muerte para recordarme
que no me olvide, que no me pase de lista
en la Navidad siguiente.

L’última mohicana

Vaig anar a veure “L’últim mohicà”
amb la meva mare.

Entrem al cine i entrem dins la pel·lícula
perquè aquell amor arbrat, branca pura,
saba de la seva saba, natura
de sang, no és el del pare
indi i el fill, és el de ma mare
i jo.

Ma mare: “Àliga Pit Roja”.
“Núvol Amamanta Llobes”.
“Chingachogooka de pell blanca”.
Arrel de la meva cabellera
muda.

S’acaba la pel·lícula de fora la pel·lícula.
Sortim del cine. Plou aire.
Els fars dels cotxes com ulls
de llops metàl·lics.
Els passos zebra com pells
encatifant l’asfalt
foraster.

I jo, “Ull de Falcona
Cega”
menjant-me el propi cor.

El mitjó infidel

L’amor és un parell de mitjons:
Una Capulet i un Montagut de llana,
un sobreviure a la roba bruta,
un caminar des/plegats
cadascú al seu aire,
un estar estesos al sol del diumenge,
un destenyir junts. Un destenyir.
Junts.
Però el destí centrifuga i separa.
Si se’t desparella un mitjó
no preguntis.
És que està amb un altre.
Calça’t un mitjó d’un vermell lliure
amb un color verd poema que enamora,
traspassa una porta plena de carrer
principal
asfaltat amb llum potser reciclada
i trepitja.
I trepitja fort
caminant ben alt,
com si no existís el fred.

El pernil morbós

Cada Nadal envio un pernil
a la Mort.
Xantatge? Diguem-ne detall.
Vull que obviï el meu nom
quan passi llista dels objectius anuals.
El pernil amb més estrella michelin de la collita.
No escatimo ni un cèntim ni una Jota.
Un llaç perfectament negre. Un prec blanc.
Una nota.
Una simple nota:
SISPLAU, ENCARA ÉS AVIAT.
I cada any igual.

Hauria de confessar el meu suborn?
la raó amb greix que em conté l’atzar?
Encenc la tele i creixen morts
emparedats dins les notícies
que fan picar el puny contra les taules;
ho sé, és la manera cínica i moderna
que s’empesca la Morta per recordar-me
que no me n’oblidi, que no em faci la viva
el proper Nadal.

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