Cuento: El hermano imaginario

La Revista Eñe digital premió mi relato El hermano imaginario en enero de 2016. Se puede leer aquí.  La premisa del concurso era que la revista impresa viviera en la revista digital, así que pidieron escritos inspirados en la contraseña: desvelados. «Algo que se desconocía, algo que se intuye sin certeza». La fotografía, de Sam Brelsfoard, se publica bajo licencia Creative Commons.

tv El hermano imaginario

«¿Te parece bien acá? ¿Ya estás filmando? Bueno, es un poco difícil explicar cómo pasó todo. No sé si te voy a contar las cosas medio enquilombadas. Si vos querés que te aclare algo, avisame. Mirá, recuerdo que desde que yo era muy chiquito decía que tenía un hermano gemelo que se llamaba Alberto. Pero yo no tenía ningún hermano, claro, solo tenía dos hermanas mayores que yo: Verónica, que me llevaba diez años, y Marcela, cuatro. Con Marcela éramos más amigos por la edad, crecimos juntos.

»Así que todos se lo tomaban a joda ¿viste? No me extraña, un petiso como yo que hablaba con un ser imaginario, lo veían como un capricho de chico. Y me decían: “Ah, y tiene nombre y todo tu amigo invisible”. Y yo contestaba muy enojado para que lo entendieran bien: “No es mi amigo, es mi hermano gemelo”. Marcela se prendía de la invisibilidad. Imaginate el potencial tan enorme que tenía este personajes para nosotros. “Decile a Alberto que venga a jugar con nosotros”. Yo servía de médium o intérprete. Hacíamos programas de televisión donde Alberto era el invitado o jugábamos a las cartas y repartíamos para los tres, aunque yo jugaba por él. De repente yo decía: “Alberto dice que quiere un leche con Nesquik y galletitas” o cualquier otra boludez de esas. Era obvio que lo utilizaba para lo que yo quería pero también me hacía compañía. Antes de irme a dormir, por ejemplo, cuando apagaban la luz, me daba mucho miedo y entonces me ponía a hablar con él, muy bajito, sobre lo que íbamos a hacer al día siguiente. Después me fui haciendo grande, empecé a hablarle en silencio para no despertar sospechas o risas entre la gente grande. Tampoco querés que te tomen por loco. Pero ya te da una idea de que me ocurrían cosas a mí, así de bien chiquito.

»En la adolescencia medio lo borré por completo. ¿Sabés cuando soñás algo muy real y decís me voy a acordar, me voy a acordar, pero después te levantás y se te olvidó todo? Lo intentás pero no te acordás de nada. Así que bueno…abandoné un poco a Alberto. Pero creo que estaba presente, como si fuera una cosa de piel ¿viste? Era una presencia desdibujada. Pero realmente sí, poco a poco, todos nos fuimos olvidando de Alberto y quedó como una fantasía de chico, como cuando dicen: “De chiquito no podías decir ‘pantalón’ y decías ‘pantalón’». Así quedó, como una fantasía.

»Cuando acabé la secundaria, decidí no entrar en el ejército como venía siendo la tradición familiar. No es que no me gustara la vida militar sino que yo veía que me faltaba el carácter castrense. Pensé que me iban a matar en casa. Fijate que yo era el único varón, el único que podía continuar con la larga estirpe de tenientes, capitanes, tenientes coroneles y voy y digo: “Es que no sé. Ya sabés que soy un poco tímido y me gusta hacer las cosas a mi manera”. ¿Sabés qué pasaba? Yo no me sentía con la autoridad que les veía a los otros familiares militares y que, además, les había llevado a ascender en la carrera. Imagino que fue un golpe duro porque ahí se acababa la saga por nuestra parte. Pero la verdad es que se lo tomaron bien. Ya sabían que yo no tenía las cualidades innatas, me conocían, claro. “De lo que se trata es de hacer algo que te convierta en una persona de provecho”. Así que me matriculé en ingeniería, otra carrera que estaba bien vista. No dije: “Quiero ser actor” o algo así. Se hubieran muerto. A mí, la ingeniería no me apasionaba pero sacaba buenas notas y podía acabar la carrera. De hecho, así fue ¿no? Me fue muy bien, trabajo bien, no me puedo quejar. Pero eso medio que te da más pistas.

»Y un día vino mi novia a casa. Sí, la que conociste el lunes. Hacía tiempo que salíamos pero fue la primera vez que vino a comer a casa con toda la familia. Una presentación formal. Entonces ella va y se queda mirando las fotos. Las típicas fotos que hay en todas las casas: los tres haciendo la comunión, cuando acabé la secundaria, el casamiento de Verónica, la graduación de Marcela. Se quedó mirando las fotos un rato largo mientras nosotros poníamos la mesa. Ella es mucho más curiosa y observadora que yo. Había, sobre el mueble del comedor, unas fotos de cuando éramos bebitos. Había dos prácticamente iguales, hechas en el mismo estudio y todo. Eso que se nota, el bebé en la misma postura, mirando a la cámara sonriente, el mismo decorado detrás. Mi novia me pregunta: “¿Y la tuya?”. Y yo le digo que creo que esa es la mía. “Ese no sos vos”, me dice. “Esa parece Marcela y esta otra debe ser Verónica”. Me sorprendí de que ella lo viera tan claro. Para mí todos éramos muy parecidos y nunca le di ni una vuelta al tema de las fotos. Yo ni las veía, formaban parte del mobiliario. Siempre había asumido, no sé… pero me puse a fijarme y la verdad es que no me parecía a ninguna de las dos fotos. Además, ¿viste que yo tengo ojos claros? Y no me acordaba si me habían dicho que yo era uno de las fotos o si yo siempre lo vi así. Pensé que simplemente yo había decidido que yo era ese bebé y punto. Y me acuerdo que le dije: “Es que como soy el más chico, ya no hicieron más. Ya no era novedad”. Y ella se río, nos conformamos con esa explicación medio improvisada mía pero también muy posible. Pensé que después preguntaría pero, al final, no pregunté. Igual, la idea se quedó ahí latente.

»Hasta que una tarde necesitaba un certificado del secundario y me fui a las cajas con todos los papeles que se guardaban en el armario del cuarto de Verónica. Hacía tiempo que se había casado, ya habían nacido mis sobrinos, y su cuarto se había convertido en el almacén de todo. Bajé varias cajas del estante de arriba. Descubrí fotos sueltas de cuando éramos chicos: todos en un asado en el cuartel, unas vacaciones en la playa, el viaje al sur. Lo pasamos tan bien en ese viaje al sur de camping… bueno, y ahí cuando subo la caja de nuevo, ¡bum!, se cae un sobre grande marrón. El sobre tenía todos mis papeles. Los tuve que mirar varias veces porque no me lo podía creer. Habré estado una media hora como procesando la información y pensando en todo lo que me había llevado a ese momento. Como en las películas, que van mostrando imágenes que justifican la llegada de ese instante. Fue como un temblor de los cimientos, como un terremoto, sentía que se hundía el piso, que perdía estabilidad. Medio tambaleándome, me fui con el sobre para el living. No sé si en ese momento buscaba confirmación o más bien consuelo.

»El televisor estaba encendido, no sé si era la hora de la telenovela. Entonces me acerqué a mi mamá —la que yo creía que era mi mamá— que estaba mirando fijamente, como hipnotizada, la televisión. Me quedé ahí parado sin poder hablar. Yo creo que lloraba pero no sé, está todo muy borroso lo de ese día. Sé que no sabía cómo empezar. Fueron unos segundos, quizás, pero se me hizo eterno. Y ella se dio cuenta de que yo estaba ahí, se giró y vio el sobre que yo llevaba. Ahora… no sé… pienso que tampoco lo escondió mucho, que a lo mejor quería que yo lo encontrara ¿viste? Esas cosas que hacés de manera inconsciente. Ella se dio cuenta de todo al toquecito nomás, me sostuvo la mirada un ratito como con mucho cansancio pero no me dijo nada. Solamente bajó la mirada, así, mirá, hizo así… me pareció que se había encogido y se había fundido con el sofá. Y ahí pensé en Alberto, en mi mundo paralelo, porque yo, en realidad, me llamo Alberto, aunque eso no lo sabíamos entonces. Todo eso vino después. Y así empezó la búsqueda de mi verdadera familia, el encuentro con mi abuela… Y bueno, lo demás ya lo sabés, ya hablaste con ella. El resto ya es historia.»

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La máquina del tiempo: mujeres intérpretes

Esta entrevista apareció publicada en El Observador Prensa Libre en marzo de 2016 y también se puede leer en formato digital aquí.
La malincheIntérprete es la persona que explica a otras, en lengua que entienden, lo dicho en una lengua que les es desconocida. Es decir, por medio oral y no escrito (que es el traductor). Estamos a principios del SXVI, son tiempos de la conquista y Hernán Cortés ha llegado a lo que conocemos hoy como México. ¡Dios nos pille confesados! (literalmente). Pero, ¿cómo se comunica Cortés con los habitantes de América? En esta máquina se los contamos. 
¿Malinche, Malintzin, Malinalli o Doña Marina? Una mujer intérprete y en esas fechas. ¿Cómo aprende el español o castellano?
Malintzin, es mi nombre. ¡Qué difícil de resumir! Yo era esclava del cacique maya Tabscoob, pero mi lengua materna era el náhuatl. Cuando Hernán Cortés triunfa en la Batalla de Centla, los caciques nos dan a otras diecinueve mujeres y a mí como regalo a los españoles. Cortés me entrega a Alonso Hernández Portacarrero que era pariente suyo. Entonces, me bautizan como Marina. 
¿Y cómo se convierte en la intérprete oficial del ejército español?
De allí nos trasladamos hacia el interior y cuando llegaron los embajadores de Moctezuma, Jerónimo Aguilar que había sido el intérprete hasta entonces, no entendía la lengua de los aztecas: el náhuatl. La única que la hablaba allí era yo. En un principio, Hernán hablaba con Jerónimo en español; Jerónimo, conmigo en maya, y yo, en náhuatl con los embajadores.
Y la relación con el conquistador se estrecha…
Como aprendo rápidamente el español, Cortés se da cuenta de que yo le serviría no sólo como intérprete del náhuatl sino de nuestra cultura. Le ayudé a comprender nuestra forma de relacionarnos y de negociar; a cambio, me prometió favores y la libertad. Los españoles no traían a sus mujeres, así es que nosotras nos convertíamos en sus esclavas en todo, en la cama también. Era así, ni lo cuestionábamos.
Pero usted tenía un talento natural para las lenguas porque no existían las clases…
¿Clases? No, no. Me di cuenta con la práctica que yo comprendía en unas semanas lo que otros tardaban meses. Mi familia era una familia noble, así es que yo tenía una formación más completa que mis compañeros. Además, tenía buen oído y, sobre todo, necesitaba o anhelaba mejorar mi situación.
¿Cuándo acaba su labor de intérprete y su relación con Cortés?
Cortés conquista Tenochitlán y controla el territorio dominado por los aztecas. Tuvimos un hijo, Martín, pero no me lo dejaron. Lo enviaron a España. Cuando Hernán enviudó de su mujer, Catalina, no se casó conmigo sino que me organizó un casamiento con Juan Jaramillo y, tal como me había prometido, me dio la libertad.
¿Sabe que en la actualidad la palabra «malinche» se asocia con alguien que traiciona a su pueblo?
¡Qué curioso! Cortés recibió el apoyo de muchos otros, como los totonacas, tlaxcaltecas y otomíes que querían sublevarse contra Moctezuma porque ignoraban que los españoles se convertirán en sus dominadores y los apoyaron. Yo sólo era la intérprete. Nosotros creímos, al principio, que Cortés era  el dios Quetzalcoátl, pero, luego, nos dimos cuenta de que no…
¿Qué le sorprendía de esta cultura que conoció tan de cerca?
Me llamaba la atención que hablaban mucho, mucho más que nosotros. En las charlas de Hernán Cortés con Monctezuma sobre su religión yo tenía que resumir para no causar una mala impresión. Además, nos explicaban cómo era el camino correcto que les había marcado su dios, nos bautizaban, pero, en realidad, ellos mismos no seguían estas leyes, que eran muy estrictas. Pienso que tenían muchas contradicciones y máscaras. ¿Esto sigue así?
Sí, creo que, en el fondo, sigue así. Cuando hay guerras e invasiones, tampoco se trata mucho mejor a las mujeres que en su tiempo, Malintzin. Y, a veces, cuando existe una crisis política también culpan al intérprete o al traductor. Pero la esclavitud… mejor me callo.

¿Hispanidad? No, gracias…

Este artículo se publicó (impreso) en el periódico El Observador Prensa Libre en octubre de 2015. Ahora, se puede leer en línea aquí y en este blog.

Según la ley vigente de 1987, el 12 de octubre se celebra una «Fiesta Nacional de España»; se dejan de utilizar «Día de la Raza» —vigente desde 1918— y «Fiesta de la Hispanidad», instaurado por el dictador español Francisco Franco en 1939 con un posterior reconocimiento legal en 1958. Y es que esta festividad ha sufrido en España, al igual que en Latinoamérica, vaivenes cuando se intenta darle un nombre o definir qué se celebraba exactamente. Pero a pesar de este cambio de nombres, se la sigue conociendo popularmente como Fiesta de la Hispanidad.
Desde el 87, la fiesta es nacional, no hay clases ni se trabaja, coincide con la celebración de las fiestas de la Virgen del Pilar (patrona de Aragón y Zaragoza), y se celebra con un desfile militar en Madrid donde acuden miembros de la monarquía, del gobierno y de las comunidades autónomas.
Pero ¿qué siente el ciudadano en esta fiesta que parece pasar por el calendario sin pena ni gloria? Para averiguarlo, hicimos algunas preguntas. He aquí los resultados.
PEDRO LARREA 
Informático, 47 años, nacido en Barcelona de padres navarros. 
¿Qué representa para ti la fiesta del 12 de octubre?
Se celebra algo que no compartimos todos los catalanes. Para mí es como si fuera la fiesta de las magdalenas. Representa no ir a trabajar.
¿Cómo celebrabas la fiesta cuando eras pequeño?
Básicamente, todo lo español estaba mal visto, aspirábamos a ser europeos. En contraposición, se denostaba lo español: los toros, el flamenco. Entonces esta fiesta que era de «la Hispanidad» y encima con un desfile militar, se veía muy mal. Un día sin cole, para estar con los amigos y jugar al fútbol. Supongo que la televisión nos mostraba que España quería seguir siendo algo en el mundo: somos importantes porque hay 300 millones de personas que compartimos la hispanidad. Sin embargo, cuando vamos a Latinoamérica para montar una empresa no es para ayudar sino para sacar beneficios y lo que le pase a la gente que está en Chile, Bolivia o Argentina al directivo de Madrid le importa un rábano.
Pero, ¿existe un sentimiento común con el resto de los países de habla hispana? ¿Estás más cerca de un belga que de un colombiano?
Recuerdo que un cantante de Mecano dijo que sentía más cosas en común con un belga y eso que en Latinoamérica se los recibía muy bien. Es verdad. Hay un pasado común, una lengua, pero de ahí a un sentimiento más allá de la lengua con un argentino, nicaragüense, norteamericano… Si pasa algo allí, sí lo sientes, hay un cariño, pero creo que es debido a los españoles que están allí. Mi madre siempre recuerda la leche en polvo o la carne que trajeron de Argentina o la familia que emigró durante la guerra. También conoces a muchos latinoamericanos que viven aquí y les tienes cariño.
¿Cómo celebrarías ahora en el SXXI esta fecha?
Es que ¿debería existir? No tiene un motivo. Es como Navidad, yo no necesito una fecha para demostrarles afecto a mis seres queridos. ¿Qué sentido tiene hacer una Fiesta de la Hispanidad y, luego, si hay un terremoto en Chile, no envías nada porque estás en crisis? Lo mejor para que sea relevante es eliminarla. Es la prepotencia española de escogernos un día nosotros y lo celebráis todos. Si estás en Zaragoza y es la patrona, como la Virgen de Guadalupe, pues mira me parece bien, pero una conmemoración de un descubrimiento. Descubrimos el qué. Tuvieron cierto valor pero no sé si hay mucho que celebrar. Los descendientes de los indios masacrados tampoco tienen mucho que celebrar. Mejor fomentar, en lugar de poner trabas, un sentimiento de comunidad. Una universidad internacional iberoamericana por internet, por ejemplo. Fomentar la intereconomía en lugar de explotar. No estoy en contra del capitalismo pero se puede invertir para que todos se enriquezcan.
Si Cataluña fuera independiente, entonces, ¿verías un sentido para esta fiesta?
Yo soy castellano hablante de padres castellanos y tendría la doble nacionalidad, pero dentro de quince años, ¿nos admitirían en su territorio? ¿Me harían la vida imposible? Si se celebrara una fiesta, ya está montada la Feria de Abril o el día de Santiago. Una fiesta como la de la Hispanidad que sólo tiene un contexto político, que no es una fiesta popular, con una imposición militar, no tiene sentido. Si comparas San Juan con la Fiesta de la Hispanidad está claro, a San Juan todos quieren ir, sean de donde sean. Lo otro es una imposición del régimen de Franco. 
TERESA ORTIZ RUIZ
Informática, 46 años, nacida en Santander. Vive en Barcelona donde han nacido sus dos hijos.
¿Qué representa para ti la fiesta del 12 de octubre?
El ejército hace un desfile, que tiene algo de repercusión en Latinoamérica, pero poco más. No representa nada. Una fiesta de la monarquía y el ejército que no tiene nada que ver conmigo. Hay algunas manifestaciones de personas de derecha, pero al resto de España no nos interesa. Es también el día que la gente protesta contra la monarquía, que también está bien. Ahora de mayor veo que es un gasto innecesario.
¿Cómo celebrabas la fiesta cuando eras pequeña?
No recuerdo haberlo celebrado nunca, nada. Era fiesta. No había colegio y ya está. También depende de dónde vengas, quizás en familias muy conservadoras se celebraba de otra forma. Sólo recuerdo ver por televisión el desfile del ejército.
Pero, ¿existe un sentimiento común con el resto de los países de habla hispana? ¿Estás más cerca de un belga que de un colombiano?
El idioma y la historia siempre te hace sentir más cercano que de Europa que, además, siempre te mira por encima del hombro. Es otra forma de ser, mucho más fría quizás. Es más fácil establecer un contacto inicial con alguien de Latinoamérica, luego ya depende de la persona. Lo que pasa es que los españoles probablemente aspiren a relacionarse más con los europeos. La gente que no ha salido, que no ha visto otra cosa, que es muy conservadora. Prefieren Europa porque les parece que es más rica, tiene más historia, queda mejor
¿Cómo celebrarías ahora en el SXXI esta fecha?
Si es de la Hispanidad no debería ser del ejército, sino celebrar lo que hay en común entre Latinoamérica y España o el idioma español. Intercambio de formas de hablar, encuentros con inmigrantes que viven aquí. Algo relacionado con las personas de estos países. Pero no sé si tiene sentido esta Fiesta de la Hispanidad después de 500 años. Puede ser un poco pretencioso, por parte de España, pensar que le interesa a alguien. No tiene sentido gastar dinero en lo del ejército. Si a la familia de los militares les interesa ver un desfile, pues que lo organicen y vayan.
Si Cataluña fuera independiente, entonces, ¿verías un sentido para esta fiesta?
No lo sé, hay muchos catalanes en el mundo y en países de habla hispana. El español también forma parte de Cataluña. Imagino que aquí lo eliminarán si somos independientes. Hay cosas en común y se podría celebrar algo con otro nombre que no sea de la Hispanidad, quizás de la lengua. Al compartir una lengua siempre habrá mucho intercambio. Pero quizás a América Latina la Fiesta de la Hispanidad les importe un pimiento realmente.
ANA GUEVARA 
Agente de una agencia de relocation, 41 años, nacida en Buenos Aires. Vive en Barcelona, su marido e hijo son catalanes. 
¿Qué representa para ti la fiesta del 12 de octubre?
La verdad es que flipé cuando me dijeron que era el Día de la Hispanidad. Que el 12 de octubre en teoría se celebra el día de los españoles. Lo tomo más como el orgullo español, no incluyen a Latinoamérica para nada. En el fondo, supongo que celebrarán la hegemonía española en 1492 cuando descubrieron América. Mi visión del 12 de octubre es totalmente la contraria. Es la aparición en el mundo de este continente. Para mí es el día de la Raza. Antes en Argentina ese era el nombre y no lo encuentro discriminatorio porque se celebra el día de las diferentes razas que se han encontrado. 
¿Cómo celebrabas la fiesta cuando eras pequeña?
Siempre hacíamos algún acto. En los primeros años, que era la época todavía de los militares, se celebraría más pensando en Colón pero no me acuerdo mucho, y luego eran actos con disfraces de indígenas, unión de culturas.
Pero, ¿existe un sentimiento común con el resto de los países de habla hispana? ¿Están más cerca de un belga que de un colombiano?
Ellos quieren sentirse más europeos. Quieren integrarse en Europa, sentirse una cultura superior. Quieren… que lo sean es otra cosa. También lo veo sesgado porque veo que los catalanes quieren ser franceses. ¿Te han dicho la frase: España mira a África y Cataluña mira a Francia? [No, no me la han dicho]. A mí me la han dicho ochenta mil veces.
¿Cómo celebrarías ahora en el SXXI esta fecha?
Con el desfile militar seguro que no. Haría participación de distintas culturas de América. Fiestas relacionadas como las fiestas indianas donde se muestran productos de América y sus distintas aplicaciones. Un intercambio cultural. La patata, por ejemplo, vino de América, el café, el chocolate. El desfile me parece totalmente fuera de lugar. Además yo vivo en Cataluña que creo que no se llama ni de la Hispanidad, creo que celebran más el Día del Pilar. En el fondo, acá tampoco valoran ese día porque no quieren saber nada con España. No sé cómo lo vive el resto. 
Si Cataluña fuera independiente, entonces, ¿verías un sentido para esta fiesta?
El Día de la Hispanidad si se independizan no lo festejarían, sería la Fiesta del Pilar. No festejarían el día de España ni por casualidad. Es que no tiene sentido festejar ese día. Para mí desaparecería.