La máquina del tiempo: mujeres poetas y traductoras

Esta entrevista apareció publicada en El Observador Prensa Libre en noviembre de 2016 y también se puede leer en formato digital aquí.

vilarinoIdea Vilariño fue poeta, traductora, profesora, letrista, crítica literaria. Raramente concedía entrevistas, muy celosa de su intimidad, aun cuando la lectura de sus poemas desvela aspectos íntimos de su vida, de sus amores, de su vejez. Me subí a la máquina del tiempo e intuyo que accedió a ser entrevistada porque me creyó una loca que decía venir de un futuro cercano y que había leído su poesía con entusiasmo.

En su familia convivían la literatura y la música. Se la conoce, en especial, por sus poemas, pero además ha sido letrista de canciones importantes en la historia de Uruguay como Los orientales.

Creo que cuando volvieron Los Olimareños del exilio y cantaron Los orientales, la mayoría de los allí congregados que coreaban eufóricos no sabían que la letra era mía. Pero sí, la música es una parte fundamental, era lógico que escribiera algunas letras que acompañaba con el piano.

Sus letras muestran su compromiso político con la izquierda. Se quedó en Uruguay durante la dictadura, y fue afín a la revolución cubana.

Siempre he intentado vivir con coherencia mi militancia de izquierdas. No la he cambiado, he sido combativa de una manera pacífica, digamos.

La canción y el poema, con música de Zitarrosa, me recuerda a sus Poemas de amor que dedicó a Juan Carlos Onetti. ¿Es el amor un despedirse?

Precisamente, la canción se basa en un poema de ese libro que se llama Canción [Quisiera morir / ahora / de amor / para que supieras / cómo y cuánto te quería. / Quisiera morir / quisiera / de amor / para que supieras.]. Y contestando a tu pregunta, sí, de alguna manera la vida es un despedirse de lo que vivimos, de esos mismos recuerdos, de nosotros, de la fuerza del cuerpo. El amor, que es una parte intensa de esa vida, se rige por esas leyes. En el momento de amar, sabemos que esa intensidad pasará, que nosotros pasaremos, y, en ese sentido, es un despedirse, sí.

Me interesa su faceta como traductora. Lo hacía del francés y del inglés, ganó numerosos premios y tradujo, durante veinte años, obras de Shakespeare que se representaron con éxito en el teatro. ¿Fueron estas obras sus traducciones favoritas?

Siempre traduje a Shakespeare por encargo, no por decisión propia. Sin duda, son obras magníficas, pero era una actividad ardua que me devoraba el tiempo, me pasaba horas tratando de encontrar el significado correcto, la palabra adecuada. Es difícil traducirlo, ni siquiera en las versiones en inglés se aclaran con el significado. Yo siempre intenté ser fiel al texto, pero ante todo que el actor pudiera recitar algo próximo al público.

Ha hablado de la esclavitud de la traducción.

Sí, es un trabajo en el que estás sometido a lo que quiere decir el autor y que requiere de un gran esfuerzo para trasmitir eso mismo en tu lengua. Soy muy fiel cuando traduzco.

Ha publicado libros de crítica literaria donde analiza la poética, como su análisis de las organizaciones vocálicas de los poemas de Rubén Darío. ¿Cómo surge este conocimiento profundo de la poesía?

Mi padre, que era poeta, nos leía poemas del Siglo de Oro español en voz alta y yo aprendí a escuchar, y a crear poemas con rima y métrica de acuerdo a la música de las palabras cuando era aún una niña. Estuvo siempre ahí, no surge.

Reeditó sus libros de poesía Nocturnos, Poemas de amor y Pobre Mundo, e incluyó nuevos poemas en cada edición. ¿Cuál es su proceso de escritura?

Los reedité porque me parecieron los menos malos y que, de alguna manera, el tema era el mismo, así que añadía a esos libros otros poemas posteriores. Yo escribo en un cuaderno o en un papel que encuentro, no planifico ni espero un momento en que el poema está acabado, sino que escribo de una forma más o menos espontánea, agarro lo primero en lo que puedo escribir y lo hago, y lo repito para ver su ritmo.

Mi libro favorito es el último, No, porque, así como el título, logra condensar en pocas palabras sentimientos complejos que nos llegan como dardos finos que luego nos alumbran.

Mi poesía se ha condensado con el tiempo, quiero decir de una manera que sea sencilla, al igual que habla la gente, como todas las letras de los buenos tangos que nos dicen con un lenguaje llano lo que sentimos con cierta habilidad creativa.

Dice que no hay esperanza, la tachan de oscura, sin embargo, su poesía no desmoraliza.

Sí, no soy optimista. Me sorprende que me lean precisamente por eso, porque soy oscura. Quizás no desmoraliza porque todos queremos que alguien comparta con nosotros esa desesperanza, ese desaliento que sentimos porque estamos solos. No lo sé.

Idea Vilariño murió en Montevideo a los 89 años. Catorce personas asistieron a su funeral. Ella no lo hubiera querido de ninguna otra manera.

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Cuento de hadas

wp-1460302503502.jpegLa Biblioteca Guinardó-Mercè Rodoreda —la responsable de poesía de la red de Barcelona— y el Espai Jove Boca Nord organizaban un concurso titulado FemRimes FemGraff que consistía en escribir un micropoema con un máximo de 200 caracteres sobre la condición de la mujer en la sociedad actual; de todos los presentados, se seleccionaban 12 para crear 12 murales en el distrito de Horta-Guinardó. Tuve la gran suerte de que seleccionaran mi micropoema «Cuento de hadas» y que la ilustradora y grafitera Amaia Arrazola lo interpretara. Aquí está el micropoema y las fotos que saqué del mural. Lo podéis ver «en vivo» en la calle Coll i Alentorn 1 (se puede llegar desde el metro Horta, salida calle Lisboa), pero si no podéis os dejo un vídeo con mi voz melodiosa (en realidad es que no puedo hacer dos cosas a la vez: grabar y hablar; parezco fumada).

 

Cuento de hadas

—Espejito, espejito, dime: ¿quién es la más guapa del reino?

Sarika, de Calcuta.

El fuego le abrasó la cara,

pero en sus ojos alza el vuelo un colibrí.

 

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Poema a la durada de Peter Handke

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La editorial Cafè Central junto con Eumo Editorial acaban de publicar Poema a la durada (Gedicht an die Dauer) del escritor austríaco Peter Handke (Griffen, 1942); el número 77 de su colección de Jardins de Samarcanda.

La traducción al catalán la firma Marta Pera quien tiene en su haber una larga lista de publicaciones de importantes autores como Nabokov, Mansfield, Rushdie, además de ser la ganadora en 2014 del premio de traducción de poesía Jordi Domènech por la obra Mestre de disfresses de Charles Simic. Sus traducciones aúnan la corrección, la naturalidad y la sutileza del lenguaje. Aunque es difícil hablar de una traducción cuando no se conoce el idioma de origen (en este caso el alemán), en este texto nada nos parece forzado, magnificado o elegido para mostrar el gran oficio de esta traductora. Nos sumergimos con rapidez en el texto bajo la impresión de que estamos leyendo un original.

En el poema, Handke nos explica que lleva tiempo queriendo escribir sobre la duración —un concepto acuñado por el filósofo francés Henri Bergson, citado al final del libro— y que solo puede hacerlo en un poema que pretende explicar este «sentimiento» en una sucesión de imágenes. Handke nos desgrana a lo largo de setenta páginas qué es y qué no es la duración, a través de su experiencia en distintos lugares e instantes de la vida, y de su intento de volver a la duración desde la infancia.

Aunque el autor nos resulte algo distante, incluso huraño, y el concepto de duración sea difícil de asimilar en una primera lectura, el poema nos recuerda —al menos así me ocurrió a mí— la obligación que tenemos de buscar esos instantes de duración, de encuentro con algo que se sitúa más allá de lo meramente material o de conceptos edulcorados, como pueden ser la felicidad o el bienestar; nos recuerda que se puede llegar a esa sensación de plenitud y de auténtico yo, sin un preámbulo de fuegos artificiales y grandes triunfos, sino en silencio, en comunión, en una continua búsqueda de lo sutil.

Curiosamente, los pasajes que me resultaron más cercanos son aquellos en que el autor comparte momentos (de duración o no) con su abuelo, sus amigos, su hijo o, incluso, su traductor, pero esto sin duda cambiará según la experiencia y el gusto de cada lector. Aquí les dejo uno de mis pasajes favoritos (¡un poeta que incluye a su traductor en un poema!) que espero les invite a saborear esta obra y recuperar el gusto por la búsqueda de lo casi imperceptible pero, a la vez, único en cada uno de nosotros.

Arthur, l’última vegada que vaig ser  a París

vam acordar

que tornaríem a anar plegats a la Fontaine Sainte-Marie.

Però llavors, un cop allà amb tu,

després d’haver-hi passat junts una hora bona,

vaig sentir la pruïja, tot i la decisió presa,

de continuar el camí jo sol

i et vaig enviar a casa.

Tu ho vas entendre

—traductor no d’ofici,

sinó de cor,

company pensador, actor del text, amic—;

sense nécessitat d’explications, rient

i fent-me senyals amb la mà, vas tornar a la ciutat,

a la teva Porte des Lilas, la porta Est, la porta dels lilàs;

anhelaves tant com jo

estar sol en companyia de la durada.

Sí, Fontaine Sainte-Marie, o Portes des Lilas,

se us estima.

Nota: la traducción al español está publicada en Lumen (1991) y traducida por Eustaquio Barjau.

Una escritora en un piso vacío

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¿Qué hace una escritora sin su gato?

La literatura es imposible.

 

El piso ha pasado de 70 a 400 metros cuadrados

o allí vive alguien que ha encogido como Alicia.

Y es tan silencioso…

como un iceberg que camina de puntillas.

La terraza, antes soleada y faro de Alejandría vecinal,

es ahora un balcón gris con dos geranios.

 

En el mundo se ha extinguido una lengua minoritaria

de los dos últimos habitantes de un país sin mapa.

Y falta alguien que huya de los cuatro jinetes apocalípticos

de la aspiradora,

o se interponga tenaz en las charlas telefónicas.

 

El manantial —¡el elixir de la vida!—

es ahora, más que nunca, agua de la ducha.

Y un mes es un minuto,

y es un por siempre.

 

Lo más grave es que nadie se tumbará en el folio

dejando entrever los mejores versos.

Y aún peor, nadie filtrará las visitas

para descubrir a las verdaderas amistades.

 

Sí, se puede publicar un libro,

escribir una dedicatoria,

regalarla a algún amigo.

Pero, una escritora sin su gato

es una apátrida,

es una mujer nómada.

Anna Bou es la última mohicana

ultima mohicana

En 2012, Anna Bou Jorba gana el XXXVII Premi Vila de Martorell, en la modalidad Poesía catalana, con su poemario L’última mohicana. Curbet Edicions publica el libro y Neurosi distribuye la versión electrónica.

El poeta y traductor Francesc Parcerisas describe acertadamente en el prólogo cómo Anna Bou crea un mundo personal a partir del placer de la imaginación como lo hace un niño que juega a ser otro para comprender el mundo en el que vive. Un mundo lleno «de ironía y reflexión, amargura y sarcasmo».

Su gran acierto es proponernos en cada poema un juego, en el que a veces entramos y en el que otras nos limitamos a observar como si se tratase de una muñeca rusa, un cubo de Rubik o una caja con música de Stravinsky, siempre fascinados por el misterio de la propuesta. Podemos sentir que transitamos un mundo desolado pero con la alegría de saber que todavía estamos ahí, transitando. A veces, pareciera que los poemas están habitados por un diablillo que juega con los elementos y los invierte para ponerle la zancadilla a una persona que camine por una calle de una ciudad cualquiera o, incluso, de una ciudad fantasma. Nunca por maldad o soberbia sino por juego.

En 2015 saldrá su segundo poemario, Acadèmia d’idiomes invisibles de Meteora Editorial. En esa espera, les dejo algunas traducciones seguidas por sus originales en catalán para que puedan saborear en castellano los poemas de Anna Bou.

La última mohicana

Fui a ver «El último mohicano»
con mi madre.

Entramos en el cine y nos adentramos en la película
porque ese amor arbolado, rama pura,
savia de mi savia, naturaleza
de la sangre; no es el del padre
indio y su hijo, es el de mi madre
y yo.

Mi madre: «Águila de Pecho Rojo».
«Nube que Amamanta a las Lobas».
«Chingachgooka de Piel Pálida».
Raíz de mi cabellera
muda.

Se acaba la película de fuera de la película.
Salimos del cine. Llueve aire.
Los faros de los coches como ojos
de lobos metálicos.
Los pasos de cebra como una alfombra
de piel sobre el asfalto
extranjero.

Y yo, «Ojo de Halcona
Ciega»,
devorándome el corazón.

El calcetín infiel

El amor es como un par de calcetines:
una Capuleto y un Montesco de lana,
un sobrevivir a la ropa sucia,
un caminar des/pegados
cada uno a su aire,
un estar tendidos al sol del domingo,
un desteñir juntos. Un desteñir.
Juntos.
Pero el destino centrifuga y separa.
Si se te desempareja un calcetín
no preguntes.
Es que está con otro.
Ponte un calcetín de color rojo libre
con un verde limón que robe el corazón,
traspasa una puerta repleta de calle
principal
asfaltada y quizás con luces recicladas,
y pisa.
Y pisa fuerte
con la cabeza bien alta,
como si ya no existiera el frío.

El jamón morboso

En Navidad envío un jamón
a la Muerte.
¿Chantaje? Llamémoslo un detalle.
Quiero que ignore mi nombre
cuando pase lista de objetivos anuales.
El jamón con más estrella michelin de la cosecha.
No escatimo ni un céntimo ni una Jota.
Un lazo de un negro perfecto. Un ruego blanco.
Una nota.
Una nota sencilla:
POR FAVOR, TODAVÍA ES PRONTO.
Y así cada año.

¿Debería confesar mi soborno?
¿La razón grasienta que detiene al azar?
Enciendo la tele y crecen los muertos
emparedados entre noticias
por esas que damos un puñetazo en la mesa;
lo sé, es la manera cínica y moderna
que se inventa la Muerte para recordarme
que no me olvide, que no me pase de lista
en la Navidad siguiente.

L’última mohicana

Vaig anar a veure “L’últim mohicà”
amb la meva mare.

Entrem al cine i entrem dins la pel·lícula
perquè aquell amor arbrat, branca pura,
saba de la seva saba, natura
de sang, no és el del pare
indi i el fill, és el de ma mare
i jo.

Ma mare: “Àliga Pit Roja”.
“Núvol Amamanta Llobes”.
“Chingachogooka de pell blanca”.
Arrel de la meva cabellera
muda.

S’acaba la pel·lícula de fora la pel·lícula.
Sortim del cine. Plou aire.
Els fars dels cotxes com ulls
de llops metàl·lics.
Els passos zebra com pells
encatifant l’asfalt
foraster.

I jo, “Ull de Falcona
Cega”
menjant-me el propi cor.

El mitjó infidel

L’amor és un parell de mitjons:
Una Capulet i un Montagut de llana,
un sobreviure a la roba bruta,
un caminar des/plegats
cadascú al seu aire,
un estar estesos al sol del diumenge,
un destenyir junts. Un destenyir.
Junts.
Però el destí centrifuga i separa.
Si se’t desparella un mitjó
no preguntis.
És que està amb un altre.
Calça’t un mitjó d’un vermell lliure
amb un color verd poema que enamora,
traspassa una porta plena de carrer
principal
asfaltat amb llum potser reciclada
i trepitja.
I trepitja fort
caminant ben alt,
com si no existís el fred.

El pernil morbós

Cada Nadal envio un pernil
a la Mort.
Xantatge? Diguem-ne detall.
Vull que obviï el meu nom
quan passi llista dels objectius anuals.
El pernil amb més estrella michelin de la collita.
No escatimo ni un cèntim ni una Jota.
Un llaç perfectament negre. Un prec blanc.
Una nota.
Una simple nota:
SISPLAU, ENCARA ÉS AVIAT.
I cada any igual.

Hauria de confessar el meu suborn?
la raó amb greix que em conté l’atzar?
Encenc la tele i creixen morts
emparedats dins les notícies
que fan picar el puny contra les taules;
ho sé, és la manera cínica i moderna
que s’empesca la Morta per recordar-me
que no me n’oblidi, que no em faci la viva
el proper Nadal.

En la cocina con Xènia Dyakonova

Xènia Dyakonova (San Petersburgo, 1985) es una poeta rusa residente en Barcelona. Acaba de recibir el segundo premio Brodsky de poesía en la modalidad Ciclo de poemas que se otorgará a finales de noviembre en la Casa Ajmátova de San Petersburgo. Xènia suele publicar sus poemas en revistas en Rusia (Zvezda, Neva i Novy Mir) donde ha ganado varios premios además de éste que menciono aquí. Sus poemas se han publicado en revistas, antologías (50 Poemes amb àngel, Ara Llibres) y ha participado en numerosos recitales. Además, ha traducido a varios autores rusos al castellano y al catalán (El monjo negre de Chéjov, Laertes; És tot el que tenim de Alexander Kushner, Llibres del segle; Días únicos de Pasternak, Visor de Poesía; Relats de Kolimà de Shalámov, Dias contados). Colabora también en varios periódicos en Cataluña como Núvol, Avui y Ara.cat con artículos sobre literatura y teatro. Da clases en la Escola d’escriptura de l’Ateneu de Barcelona.

No deberían de temer aquellos a los que la poesía se les hace cuesta arriba. Sus poemas tienen una combinación de lenguaje cuidado y claro a la vez que son casi juguetones pero nunca ligeros o superficiales. Quizás lo que más me gusta de su poesía es que es próxima, muestra un especial cariño por las pequeñas rutinas de las personas, también sus miserias, vergüenzas y pequeños logros. Todo lo observa a través de un cristal risueño, al mismo tiempo que nos eleva hacia un mensaje filosófico, que casi podría ser místico.

Mientras esperamos poder leer a Xènia en castellano les dejo algunos de sus poemas en catalán (traducido por la propia Xènia) y la traducción al castellano realizada por servidora (intenté mantener la métrica y la rima de los versos de Xènia cuando estaba presente como ejercicio propio pero son muy mejorables, claro está).

Et queda bé, Plàcido, aquest plomatge groc! La gàbia també és un instrument de corda, però la teva veu no necessita acompanyament: hi ha dies que baixa a les mines del cor amb una petita llanterna, i algun dissabte esborra les barres del balcó i em porta amunt, més amunt dels plàtans, tan ràpid que no tinc temps ni de vuere-li la cara ala noia que surt de cal Mingo rient perquè porta un gat en una capsa de sabates.

¡Qué bien te queda ese plumaje amarillo, Plácido! La jaula también es un instrumento de cuerda, pero tu voz no necesita acompañamiento: hay días en que baja a las minas del corazón con una pequeña linterna y algún que otro sábado, borra los barrotes del balcón y me eleva, me transporta más allá de los plátanos, tan rápido que no tengo tiempo de verle la cara a la chica que sale de Cal Mingo riéndose porque lleva un gato dentro de una caja de zapatos.

Quan cuino, és como si ho posés tot a risc,

i escampo la sal, li agafo mania

a cada llumí. Quin remei! Poso un disc,

i Bach i Beethoven em fan companyia.

Arrenca, fantàstic, el vol del violí

damunt la cassola amb aigua que ulula,

i les melodies són un remolí

que esquitxa la taula, fent taques a l’hule.

Que estrany! Tantes notes, en un dos per tres,

m’arriben al cor, quan estic enfeinada,

però si ecoltant-les no faig res de res-

no hi caic, em distrec, tinc la ment despistada.

Qui sap si és igual la recerca de Déu,

i mentre et dediques a les petiteses

banals, quotidianes, és més a prop teu

que si reflexiones, el crides i reses,

i si no el preguntes, et dóna resposta

de més bona fe, que si el temptes a posta.

________________________________________

Todo está en peligro cuando cocino,

derramo la sal, le agarro manía

a la cerilla. No hay remedio, opino.

Bach, Beethoven me hacen compañía.

Alza, fantástico, el vuelo el violín

a la cazuela de agua cantarina,

melodías saltan en trampolín,

salpican la mesa y el hule se arruina.

¡Qué increíble! Las notas, de repente,

me llegan al alma si estoy ocupada,

pero cuando escucho nada se siente,

incluso la mente va despistada.

Si buscáramos a Dios es posible

que mientras te afanas en las tareas

banales, diarias, sea más visible

que si meditas, rezas, lo mareas;

si no le preguntas, te da respuestas

con más agrado que si lo molestas.