La máquina del tiempo: mujeres poetas y traductoras

Esta entrevista apareció publicada en El Observador Prensa Libre en noviembre de 2016 y también se puede leer en formato digital aquí.

vilarinoIdea Vilariño fue poeta, traductora, profesora, letrista, crítica literaria. Raramente concedía entrevistas, muy celosa de su intimidad, aun cuando la lectura de sus poemas desvela aspectos íntimos de su vida, de sus amores, de su vejez. Me subí a la máquina del tiempo e intuyo que accedió a ser entrevistada porque me creyó una loca que decía venir de un futuro cercano y que había leído su poesía con entusiasmo.

En su familia convivían la literatura y la música. Se la conoce, en especial, por sus poemas, pero además ha sido letrista de canciones importantes en la historia de Uruguay como Los orientales.

Creo que cuando volvieron Los Olimareños del exilio y cantaron Los orientales, la mayoría de los allí congregados que coreaban eufóricos no sabían que la letra era mía. Pero sí, la música es una parte fundamental, era lógico que escribiera algunas letras que acompañaba con el piano.

Sus letras muestran su compromiso político con la izquierda. Se quedó en Uruguay durante la dictadura, y fue afín a la revolución cubana.

Siempre he intentado vivir con coherencia mi militancia de izquierdas. No la he cambiado, he sido combativa de una manera pacífica, digamos.

La canción y el poema, con música de Zitarrosa, me recuerda a sus Poemas de amor que dedicó a Juan Carlos Onetti. ¿Es el amor un despedirse?

Precisamente, la canción se basa en un poema de ese libro que se llama Canción [Quisiera morir / ahora / de amor / para que supieras / cómo y cuánto te quería. / Quisiera morir / quisiera / de amor / para que supieras.]. Y contestando a tu pregunta, sí, de alguna manera la vida es un despedirse de lo que vivimos, de esos mismos recuerdos, de nosotros, de la fuerza del cuerpo. El amor, que es una parte intensa de esa vida, se rige por esas leyes. En el momento de amar, sabemos que esa intensidad pasará, que nosotros pasaremos, y, en ese sentido, es un despedirse, sí.

Me interesa su faceta como traductora. Lo hacía del francés y del inglés, ganó numerosos premios y tradujo, durante veinte años, obras de Shakespeare que se representaron con éxito en el teatro. ¿Fueron estas obras sus traducciones favoritas?

Siempre traduje a Shakespeare por encargo, no por decisión propia. Sin duda, son obras magníficas, pero era una actividad ardua que me devoraba el tiempo, me pasaba horas tratando de encontrar el significado correcto, la palabra adecuada. Es difícil traducirlo, ni siquiera en las versiones en inglés se aclaran con el significado. Yo siempre intenté ser fiel al texto, pero ante todo que el actor pudiera recitar algo próximo al público.

Ha hablado de la esclavitud de la traducción.

Sí, es un trabajo en el que estás sometido a lo que quiere decir el autor y que requiere de un gran esfuerzo para trasmitir eso mismo en tu lengua. Soy muy fiel cuando traduzco.

Ha publicado libros de crítica literaria donde analiza la poética, como su análisis de las organizaciones vocálicas de los poemas de Rubén Darío. ¿Cómo surge este conocimiento profundo de la poesía?

Mi padre, que era poeta, nos leía poemas del Siglo de Oro español en voz alta y yo aprendí a escuchar, y a crear poemas con rima y métrica de acuerdo a la música de las palabras cuando era aún una niña. Estuvo siempre ahí, no surge.

Reeditó sus libros de poesía Nocturnos, Poemas de amor y Pobre Mundo, e incluyó nuevos poemas en cada edición. ¿Cuál es su proceso de escritura?

Los reedité porque me parecieron los menos malos y que, de alguna manera, el tema era el mismo, así que añadía a esos libros otros poemas posteriores. Yo escribo en un cuaderno o en un papel que encuentro, no planifico ni espero un momento en que el poema está acabado, sino que escribo de una forma más o menos espontánea, agarro lo primero en lo que puedo escribir y lo hago, y lo repito para ver su ritmo.

Mi libro favorito es el último, No, porque, así como el título, logra condensar en pocas palabras sentimientos complejos que nos llegan como dardos finos que luego nos alumbran.

Mi poesía se ha condensado con el tiempo, quiero decir de una manera que sea sencilla, al igual que habla la gente, como todas las letras de los buenos tangos que nos dicen con un lenguaje llano lo que sentimos con cierta habilidad creativa.

Dice que no hay esperanza, la tachan de oscura, sin embargo, su poesía no desmoraliza.

Sí, no soy optimista. Me sorprende que me lean precisamente por eso, porque soy oscura. Quizás no desmoraliza porque todos queremos que alguien comparta con nosotros esa desesperanza, ese desaliento que sentimos porque estamos solos. No lo sé.

Idea Vilariño murió en Montevideo a los 89 años. Catorce personas asistieron a su funeral. Ella no lo hubiera querido de ninguna otra manera.

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Poema a la durada de Peter Handke

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La editorial Cafè Central junto con Eumo Editorial acaban de publicar Poema a la durada (Gedicht an die Dauer) del escritor austríaco Peter Handke (Griffen, 1942); el número 77 de su colección de Jardins de Samarcanda.

La traducción al catalán la firma Marta Pera quien tiene en su haber una larga lista de publicaciones de importantes autores como Nabokov, Mansfield, Rushdie, además de ser la ganadora en 2014 del premio de traducción de poesía Jordi Domènech por la obra Mestre de disfresses de Charles Simic. Sus traducciones aúnan la corrección, la naturalidad y la sutileza del lenguaje. Aunque es difícil hablar de una traducción cuando no se conoce el idioma de origen (en este caso el alemán), en este texto nada nos parece forzado, magnificado o elegido para mostrar el gran oficio de esta traductora. Nos sumergimos con rapidez en el texto bajo la impresión de que estamos leyendo un original.

En el poema, Handke nos explica que lleva tiempo queriendo escribir sobre la duración —un concepto acuñado por el filósofo francés Henri Bergson, citado al final del libro— y que solo puede hacerlo en un poema que pretende explicar este «sentimiento» en una sucesión de imágenes. Handke nos desgrana a lo largo de setenta páginas qué es y qué no es la duración, a través de su experiencia en distintos lugares e instantes de la vida, y de su intento de volver a la duración desde la infancia.

Aunque el autor nos resulte algo distante, incluso huraño, y el concepto de duración sea difícil de asimilar en una primera lectura, el poema nos recuerda —al menos así me ocurrió a mí— la obligación que tenemos de buscar esos instantes de duración, de encuentro con algo que se sitúa más allá de lo meramente material o de conceptos edulcorados, como pueden ser la felicidad o el bienestar; nos recuerda que se puede llegar a esa sensación de plenitud y de auténtico yo, sin un preámbulo de fuegos artificiales y grandes triunfos, sino en silencio, en comunión, en una continua búsqueda de lo sutil.

Curiosamente, los pasajes que me resultaron más cercanos son aquellos en que el autor comparte momentos (de duración o no) con su abuelo, sus amigos, su hijo o, incluso, su traductor, pero esto sin duda cambiará según la experiencia y el gusto de cada lector. Aquí les dejo uno de mis pasajes favoritos (¡un poeta que incluye a su traductor en un poema!) que espero les invite a saborear esta obra y recuperar el gusto por la búsqueda de lo casi imperceptible pero, a la vez, único en cada uno de nosotros.

Arthur, l’última vegada que vaig ser  a París

vam acordar

que tornaríem a anar plegats a la Fontaine Sainte-Marie.

Però llavors, un cop allà amb tu,

després d’haver-hi passat junts una hora bona,

vaig sentir la pruïja, tot i la decisió presa,

de continuar el camí jo sol

i et vaig enviar a casa.

Tu ho vas entendre

—traductor no d’ofici,

sinó de cor,

company pensador, actor del text, amic—;

sense nécessitat d’explications, rient

i fent-me senyals amb la mà, vas tornar a la ciutat,

a la teva Porte des Lilas, la porta Est, la porta dels lilàs;

anhelaves tant com jo

estar sol en companyia de la durada.

Sí, Fontaine Sainte-Marie, o Portes des Lilas,

se us estima.

Nota: la traducción al español está publicada en Lumen (1991) y traducida por Eustaquio Barjau.

Marin Sorescu: antología poética en catalán «Per entre els dies»

marin-sorescu-antologiaHace tiempo que no escribo en el blog y hoy cuando vuelvo, me encuentro con este borrador de la Antología poética de Marin Sorescu en catalán: Per entre els dies.

Lo curioso es que desde que escribí el borrador, he tenido la suerte de conocer a Corina Oproae, una de los traductores del libro, en la Setmana del Llibre en Català. Fue Corina quien me comentó que están trabajando junto con Xavier Montoliu, el otro traductor, en una antología más ampliada que saldrá este año. Estén atentos para comprarla en cuanto salga.

Marin Sorescu los llevará a lugares sencillos pero cargados de existencialismo, ironía, positivismo, que no tiene nada que ver con el pensamiento positivo que nos invade estos días (de forma algo burda), sino con un espacio de reflexión profunda que es también un canto a la vida, incluso en los momentos más complejos.

En 2013, Lleonard Muntaner Editor publica esta primera antología poética del poeta rumano Marin Sorescu (Bulzești, 1936 – Bucarest 1996) en catalán. Los ya mencionados, Corina Oproae y Xavier Montoliu, son los encargados de la traducción al catalán y Francesc Parcerisas escribe el prólogo.

La antología recoge poemas de varios de sus libros, desde Poemas (1965) hasta el último, El puente, publicado en 1996.

Aquí les dejo uno de mis poemas favoritos en su versión en rumano, catalán y español (traducción de Omar Lara).

Am legat copacii la ochi

Cu-o basma verde
Si le-am spus sa ma gaseasca.
Si copacii m-au gasit imediat
Cu un hohot de frunze.

Am legat pasarile la ochi
Cu-o basma de nori
Si le-am spus sa ma gaseasca.

Si pasarile m-au gasit
Cu un cantec.

Am legat tristetea la ochi
Cu un zambet,
Si tristetea m-a gasit a doua zi
Intr-o iubire.

Am legat soarele la ochi
Cu noptile mele
Si i-am spus sa ma gaseasca.

Esti acolo, a zis soarele,
Dupa timpul acela,
Nu te mai ascunde.

Nu te mai ascunde,
Mi-au zis toate lucrurile
Si toate sentimentele
Pe care am incercat sa le leg
La ochi.

He vendado

Vendé los ojos de los árboles
Con un pañuelo verde
Y dije: búsquenme.

Y los árboles me hallaron en seguida
Con una carcajada de hojarasca.

Vendé los ojos de los pájaros
Con pañuelo de nubes
Y dije: búsquenme.

Y me hallaron los pájaros
Con un trino.

Vendé los ojos de la tristeza
Con una sonrisa,
Y me halló la tristeza al día siguiente
En un amor.

Vendé los ojos del sol
Con mis noches
Y dije búsquenme.

Allí estás, dijo el sol,
Detrás de ese tiempo,
No te ocultes más.

No te ocultes más
Me dijeron todas las cosas
Y todos los sentimientos
A los que intenté vendar los ojos.

He tapat els ulls

He tapat els ulls als arbres
amb un mocador verd
i els he dit que em trobin.

I els arbres m’han trobat tot seguit
amb una rialla de fulles.

He tapat els ulls als ocells
amb un mocador de núvols
i els he dit que em trobin.

I els ocells m’han trobat
amb una cançó.

He tapat els ulls a la tristor
amb un somriure
i l’endemà la tristor m’ha trobat
enmig d’un amor.

He tapat els ulls al sol
amb les meves nits
i li he dit que em trobi.

Ets allà, diu el sol,
darrere d’aquell temps,
prou d’amagar-te.

Prou d’amagar-te,
em diuen totes les coses
i tots els sentiments
a qui he intentat tapar
els ulls.

Versión al catalán de Corina Oproae y Xavier Montoliu.

Versión al español de Omar Lara.

Finland

Last December I published a post about Hernán Casciari and Orsai. Today I wanted to share with you a translation I did of one of Casciari’s most popular short-stories: Finlandia (Finland). The story was first published in his blog in 2005 and then, in 2011, it was republished in the magazine Orsai (Orsai 02) with drawings by Javier Olivares. Below, you can see a sample of one of the drawings that illustrates Finlandia.

The story needs no further introduction, so I hope you enjoy this version as much as I enjoyed translating it! And if you have any suggestions or comments about the translation, feel free to make them in the Reply section.finland

Finland

On December 14th 1995 I killed my sister’s eldest daughter while reversing my car. During the blunt impact, my family’s howling and the actual realization that I had run into a trunk, I lived the most intense ten seconds of my life. For those ten seconds, I hung onto time and I realized that any possible future would be an endless hell.

I was living in Buenos Aires and I had travelled to Mercedes to celebrate my grandmother’s eightieth birthday (that’s why I remember the exact date because she will be ninety in a few days; because in a few days it will be the tenth-year anniversary of something, not good or bad, that has defined my life unlike any other event).

We celebrated my grandmother’s birthday with a barbecue in our country house; we were having a nice conversation after the meal. At three o’clock I borrowed the car from Roberto to go to the newspaper and hand in an interview. I got into the car, I looked at the rear mirror to check there were no children playing around and I reversed the car to align it with the gate and gain access to the street. It was then that I felt the impact, a sharp blow against the car’s rear, and the world stopped forever.

Forty meters from me, at the table where everyone is talking, my sister, terrified, stands up and screams her daughter’s name. My mother, or perhaps my grandmother, or somebody also screams:

—He ran her over!

At that moment, I realized that my life, as I knew it, had come to an end. My life was no longer my life. I realized it immediately. I realized that my three-year-old niece was behind the car; I realized that because of her height I couldn’t have seen her through the mirror before reversing; I realized, finally, that I had just killed her.

Ten seconds is the time my family takes to run from the table to my car. I see them stand up, their faces distorted. I see an endless glass of wine falling to the floor. I see them all coming straight towards me. I don’t do anything; I don’t get out of the car; I don’t look at anybody: my eyes can’t be entertained with the real world because I have begun to travel in time, a very long and awful trip that would take ten seconds in reality but that, internally, it would take a viscous eternity.

At that moment (I don’t know why I’m so certain) I have no doubts about what I’ve just done. I don’t think about the possibility of having run into a trunk. I don’t even think that my niece is taking a nap inside the house. I see everything so clearly, so truly, that the only thing left to do is to think of me for the last time before letting myself be killed.

“I wish Negro would kill me” —I think—, “I hope he gets so mad, so enraged that he beats me up like an unmerciful father until I’m dead. I hope that he doesn’t give me the option of having to kill myself, tonight, because I’m a coward and I couldn’t do it; because I would do the most despicable act: I would go to Finland”. I spend the last ten seconds, the last peaceful seconds I will spend in my entire life, thinking about the person I will no longer be.

I was almost twenty-five years old. I was writing a very long and pleasant novel. I lived in a beautiful house in Villa Urquiza, with a Ping-Pong table in the terrace. I had my whole life ahead of me. I worked in a magazine that paid well. I had an intense social life. I was happy. And then, I kill my three-year-old goddaughter and all the lights go off in all the rooms in all the houses where I could have lived happily ever after. I reflect about all of this dispassionately because I no longer own a body to tremble.

During those ten seconds, when real time has literally ceased, when my brain works for hours to fit into a ten-second box, I see clearly that I have only two options –if my brother-in-law doesn’t do me the favour of killing me—running away (immediately, bribe somebody and flee the country) or killing myself. As things stand, my biggest regrets are not to be able to write or laugh ever again.

For a long time, years, I was surprised at how coldly I faced disaster in those ten seconds when I thought that I had killed my niece. It wasn’t exactly coldness, but something worse: a split soul, an inhumane objectivity. It bothered me that I wouldn’t be able to write anymore, that in my suicide or escape –I hadn’t decided which one yet—I would have to give up one option: pleasure.

I could go to Finland, yes, to any cold and remote country. I wouldn’t be able to phone my family and friends anymore. I could become a butcher in a supermarket in Hämeenlina, but I wouldn’t be able to write, love a woman or fish anymore. I would be ashamed of happiness. I would be ashamed of forgetting, of distractions. An involuntary guilt would always be there and when I had a false sense of calm or I forgot for a moment what had happened, guilt would return to prolong my suffering. Life had ended. I had to disappear.

And what if I disappeared? What if my family could no longer see the killer? What kind of peace was I offering them? My family, the ones that were now running slowly from the table to my car to kill me or to see a child’s corpse, could think that I was in exile, hurt and afraid, fearful and mean, or agoraphobic. They could suspect that I was mad, like those people that wonder aimlessly after an earthquake; numb, sick, a bum. They could even forgive me because they would see me incapable of happiness, dejected. They would kill those that cursed me saying that they had seen me laughing in a Finnish town, drinking in a brothel, writing a story, making money, seducing a woman, petting a cat, fishing a boga or giving out money to a Moroccan in the subway. They wouldn’t believe that someone (not I in particular but someone) could be capable of such weakness, of such sad forgetfulness, of killing and not crying, of escaping and forgetting a summer’s afternoon when a child, your own blood, lied dead under a car tyre.

Ten endless seconds until someone sees the trunk and everyone forgets the situation.

Nobody, none of the people that were having lunch that day ten years ago in Mercedes, remembers this story now. Nobody has had nightmares; only I have woken up in a sweat for years, when those ten seconds come back at night without the happy ending. For them it is only a dent in my bumper at the end of spring.

Nothing bad happened that afternoon, and nothing bad happened, before or afterwards, in my life. Ten years have passed and since then everything has been peaceful; an oasis where nothing inevitable has interfered in my life. Why then, these days, do I feel like I have turned ten and not thirty-five? Why do I give more importance to this date when I didn’t kill anybody than to that previous one when I was born screaming, crazy with life? Why some nights do I wake up and I’m short of breath and I feel the real cold of a Finnish cabin? And why do I find the odds and ends of anguish and exile, and I suffocate because I didn’t have the guts to kill myself?

It is the frailty of peace that provokes shivers and uncertainty. It is the dreadful speed of misfortune that stalks like an eagle at night and waits hidden to steal everything and leave us grasping the steering wheel and thinking that the only option is to die alone in Finland, with dried eyes from not weeping.

Luckily, there is usually a trunk and we live in peace. But we all know, beneath laughter, love and sex, and the nights spent with friends, books and records, that there isn’t always a trunk. Sometimes there is Finland.

Orsai: The true age of countries

IMG_0668I’ve been following Hernán Casciari’s blog, Orsai, on and off for almost 10 years. Hernán is an Argentinian writer and journalist that lives in Barcelona, well, really Sant Celoni. He created an award-winning blog novel (or is it a novel blog?) that even got staged in Buenos Aires. In 2010, he kissed goodbye to all the newspapers and publishing houses he was working for and created his own «publishing house» by a sort of crowd-funding method (you can watch him explaining this himself in a TED talk here, with English subtitles).

But, in this post, I don’t want to discuss why I follow Hernán’s blog, why I find what he does interesting and fun, or to do an analysis, description or critique of his work. I want to share with my English-speaking friends a translation into English of the first post I read in his blog, «La verdadera edad de los países», and the one that converted me to casciarism.

I hope you enjoy it as much as I did, and if you have corrections feel free to share them so we can improve the translation.

The true age of countries

By Hernán Casciari

A clever reader commented on my article España, decí alpiste [Spain, you snooze you lose], that Argentina is not better or worse than Spain, only younger. I liked that theory so I made up a game to discover the age of countries based on the dog system. We were told when we were children that to know a dog’s real age we only had to multiply its biological age times 7. Then, with countries, I thought, we only had to divide its age by 14 to find out the human age equivalent.

Confusing? Not to worry, in this article I give some revealing examples.

Argentina was born in 1816. It is one hundred and eighty-nine years old. If we divide this by 14, Argentina is thirteen years and four months old. In other words, Argentina is at an awkward age: a forgetful, rebellious wanker that answers without thinking and has balls. That’s why it is renowned for having one of the best football teams in the world.

Almost all the countries in Latin America have the same age, and as it happens often in these cases, they get into gangs. The Mercosur gang is formed by four adolescents that have a rock band. They rehearse in a garage making a lot of noise but having never released an album. Venezuela, with her incipient breasts, is about to join the band to do vocals when in fact, she wants to have sex with Brazil, a guy of fourteen with a big cock. Oh, dear, so young. One day they’ll grow up.

Mexico is also a teenager but with Indian heritage. That’s the reason why he seldom smiles and only smokes peyote, and not a harmless joint like the rest of his pals. He hangs out with the United States, a seventeen-year-old retarded boy who spends his time killing hungry six-year-olds from other continents.

On the other side of things, there is ancient China, for example: if we divide its 1200 years by 14, we have and old woman of around eighty-five, conservative, that smells of cat pee and spends her days eating rice because she is too poor to buy false teeth. She divorced Japan ages ago but has an eight-year-old grandson, Taiwan, who renders her life impossible. Japan, a cantankerous old man who can still have a hard-on, is living with the Philippines, a young twat always willing to do any aberration for money.

Then there are those countries that have just come of age and they go round driving their fathers’ BMWs. Take for example, Australia and Canada. They are the typical countries that grow up protected by daddy England and mummy France, with a very posh and strict education, and now they behave like mad. Australia is an eighteen-year-old chick that does topless and has sex with South Africa; Canada is an emancipated gay man who will soon adopt little Greenland and form one of those alternative families that are so in vogue.

France is a separated thirty-six-year-old woman. She will fuck anything that moves but she is very much respected professionally. Germany, a rich lorry driver married to Austria, is her occasional lover. Although, Austria knows she is being cheated on she doesn’t care. France has a six-year-old son, Monaco, on his way to becoming gay or a dancer, or both.

Italy has been a widow for a long time. She spends her time minding San Marino and the Vatican, two catholic twins identical to the Flanders. Italy was married for the second time to Germany (a short-lived marriage: they had Switzerland) but now she couldn’t care less about men. Italy would like to be like Belgium, a lawyer, independent, that wears trousers and discusses politics with men as an equal. (Also sometimes Belgium has wild fantasies about cooking spaghetti).

Spain is the most beautiful woman in Europe (maybe France could compete, but loses on spontaneity, too much perfume). Spain walks around topless a lot and she is invariably drunk. Usually, she has sex with England but then she reports abuse. Spain has children everywhere (almost all of them are thirteen years old) living far away from home. She loves them dearly but she is annoyed when her children, sometimes hungry, spend time with her and open the fridge.

The other one that has children scattered everywhere is England. Great Britain sails at night, screws young women, and nine months later an island appears somewhere in the world. But England doesn’t wash his hands: the islands might live with their mothers, but England supports them. Scotland and Ireland, England’s brothers that live upstairs, are always drunk and they can hardly play football. They only bring shame to the family.

Sweden and Norway are two thirty-nine-year-old (almost forty) lesbians in great shape for their age but that wouldn’t give a toss about anybody. They have sex and work: with a degree in something or other. Sometimes they do a threesome with Holland (when in need of dope), and sometimes they flirt with Finland, a thirty-year-old guy, a bit of an androgen that lives in an attic without furniture and spends hours talking with Korea on the mobile.

Korea (the one in the South) constantly looks after her mad sister. They are twins, but the one in the North drank amniotic fluid at birth and is disabled. She spent her childhood playing with guns and now, living by herself, she can be unpredictable. United States, the seventeen-year-old retarded, keeps an eye on her, not because he is afraid but because he wants her guns.

Israel is a sixty-two-year-old intellectual with a shitty life. Many years ago, the lorry driver, Germany (that used to drive around roads while Austria was sucking him off) didn’t see Israel crossing and ran over him. From that day on, Israel became enraged and now, instead of reading books, he spends his time throwing stones at Palestine, a girl washing clothes in the house next door.

Iran and Iraq were sixteen-year-old cousins that stole motorbikes and sold their parts until one day they stole a replacement part from the United States and the business went bust. They are sitting around with their fingers up their asses.

The world was fine as it was. One day, however, Russia started living (out-of-wedlock) with Perestroika and they had a dozen and a half children. All strange, some morons, others just schizoids.

One week ago, and due to a mess that involved gunshots and dead citizens, we, the earnest people in the world, discover that there is a country called Kabardino-Balkaria. A country with a flag, president, national anthem, flora, fauna and even inhabitants!

To be honest, I’m a bit afraid that young countries spring out like that, so suddenly. We find out about their existence inadvertently and we are forced to pretend we know, not to look ignorant. I wonder why new countries are born if the ones already there aren’t behaving properly at all.

Mi primer Lenguando

El pasado fin de semana, el 15 y 16 de noviembre, fui a mi primer Lenguando, que se celebraba en Logroño (ay sí, esas rimas). La verdad es que yo me había apuntado principalmente porque lo organizaba Isabel Espuelas (ya había asistido a un curso de corrección y estilo de Cálamo&Cran organizado por ella en Logroño que había sido excelente) y porque podía visitar a mi amiga y colega Mónica Pérez.

Lo que me atraía del encuentro era principalmente que no pretendía reunir solo a traductores sino también a periodistas, escritores, correctores, profesores y amantes de la lengua en general. Y es esto justamente lo que más me gustó de Lenguando (junto con la comida, bebida y compañía que son prioritarios obviamente) y en lo que pienso que radica el éxito y hallazgo de los organizadores y sus muchos colaboradores.

Lenguando a la riojana estaba dividido en ponencias y talleres. La verdad es que me fue difícil elegir los talleres así que decidí dejarme llevar por el instinto y las ganas de divertirme. Aunque tengo que decir que me hubiera gustado asistir a muchos otros, acerté de pleno, a saber:

«Síndrome del folio vacío» de Miguel Santolaria. Fue como entrar en un sueño donde descubrimos a Zirano, un portal que nos ayuda a «ensartar» ideas. Un trabajo increíble que busca sucesor, así que ya sabéis, será más útil que buscar errores o erratas de otros traductores (con cariño).

«Creando mundos literarios que venden» de Santiago García Clairac fue un taller inspirador. No sólo por sus ideas sobre las tramas sino también por sus anécdotas sobre cómo un publicista se hizo escritor juvenil. Elegante e instructivo. Podéis seguir sus novelas aquí.

«Poderes mágicos de la escritura espontánea» de Chema Gómez fue un deleite. ¡Qué capacidad tiene Chema para atraparte y no querer perder ni una sola palabra de lo que dice! No sólo fue inspirador sino que además nos hizo reír y ¡JUGAR! No os perdáis nada de lo que haga Chema. Si queréis más datos podéis ir aquí.

«Caminos de inspiración» de Victor J. Sanz nos ofreció una lista de recursos, unas veces juegos de palabras, otras veces de imaginación para encontrar la inspiración. Algunas de las propuestas pueden ser divertidas pero me faltó la parte práctica, la verdad, no en vano soy traductora.

De las ponencias, Isaías Lafuente, de la Unidad de Vigilancia Lingüística, nos ofreció una ponencia amena abogando por desencorsetar el lenguaje y mantenerlo siempre vivo. ¡Miembras de la sala, presentes! El periodista Toño Fraguas nos habló del «arte del refrito» en periodismo que me llevó a mí, e imagino que a la mayor parte de los traductores (al menos técnicos), a mi mundo de «cutipaste» traductoril y de «a cómo va saliendo el kilo de palabras». Además, Gabriel Cabrera nos animó con un juego muy currado de preguntas y respuestas donde nos unimos con otros lenguantes, lenguantas y lenguantos (¡Viva el equipo vascuence!). Tengo que decir que la ponencia final, «De Quijotes y quijotes» de Emilio Pascual, me devolvió a un tiempo donde los ponentes lo eran porque habían estudiado mucho un tema y lo querían compartir. Una lástima la acústica de la sala porque todo lo que explicó Emilio de Cervantes y Don Quijote era exquisito. Xosé Castro cerró el evento con una presentación amena sobre «horrores», errores y otros hallazgos.

Y por si esto fuera poco, también fuimos de excursión a San Millán de la Cogolla para visitar la cuna del español y eukera (¿euskara?). Fue también mi primera vez y, por ende, emocionante. Se las dejó  (atención a ese «ke» como bien apuntó Jose Luis Díez):

Cono aiutorio de nuestro dueno dueno Christo, dueno Salbatore; qual dueno get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione cono Patre cono Spiritu Sancto enos sieculos delo sieculos, facamus Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amén.

Con la mediación de nuestro Señor, don Cristo, don Salvador, que comparte el honor y la jerarquía con el Padre y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos, Dios omnipotente nos haga servir de tal manera que nos encontremos felices en su presencia. Amén.

Felicitaciones pues a todo el equipo de Lenguando y a Isabel por organizar todo con tanto esmero (sí, soy muy fan). Si quieren participar Vigo será el siguiente escenario en febrero 2015. Más información aquí.

En la cocina con Xènia Dyakonova

Xènia Dyakonova (San Petersburgo, 1985) es una poeta rusa residente en Barcelona. Acaba de recibir el segundo premio Brodsky de poesía en la modalidad Ciclo de poemas que se otorgará a finales de noviembre en la Casa Ajmátova de San Petersburgo. Xènia suele publicar sus poemas en revistas en Rusia (Zvezda, Neva i Novy Mir) donde ha ganado varios premios además de éste que menciono aquí. Sus poemas se han publicado en revistas, antologías (50 Poemes amb àngel, Ara Llibres) y ha participado en numerosos recitales. Además, ha traducido a varios autores rusos al castellano y al catalán (El monjo negre de Chéjov, Laertes; És tot el que tenim de Alexander Kushner, Llibres del segle; Días únicos de Pasternak, Visor de Poesía; Relats de Kolimà de Shalámov, Dias contados). Colabora también en varios periódicos en Cataluña como Núvol, Avui y Ara.cat con artículos sobre literatura y teatro. Da clases en la Escola d’escriptura de l’Ateneu de Barcelona.

No deberían de temer aquellos a los que la poesía se les hace cuesta arriba. Sus poemas tienen una combinación de lenguaje cuidado y claro a la vez que son casi juguetones pero nunca ligeros o superficiales. Quizás lo que más me gusta de su poesía es que es próxima, muestra un especial cariño por las pequeñas rutinas de las personas, también sus miserias, vergüenzas y pequeños logros. Todo lo observa a través de un cristal risueño, al mismo tiempo que nos eleva hacia un mensaje filosófico, que casi podría ser místico.

Mientras esperamos poder leer a Xènia en castellano les dejo algunos de sus poemas en catalán (traducido por la propia Xènia) y la traducción al castellano realizada por servidora (intenté mantener la métrica y la rima de los versos de Xènia cuando estaba presente como ejercicio propio pero son muy mejorables, claro está).

Et queda bé, Plàcido, aquest plomatge groc! La gàbia també és un instrument de corda, però la teva veu no necessita acompanyament: hi ha dies que baixa a les mines del cor amb una petita llanterna, i algun dissabte esborra les barres del balcó i em porta amunt, més amunt dels plàtans, tan ràpid que no tinc temps ni de vuere-li la cara ala noia que surt de cal Mingo rient perquè porta un gat en una capsa de sabates.

¡Qué bien te queda ese plumaje amarillo, Plácido! La jaula también es un instrumento de cuerda, pero tu voz no necesita acompañamiento: hay días en que baja a las minas del corazón con una pequeña linterna y algún que otro sábado, borra los barrotes del balcón y me eleva, me transporta más allá de los plátanos, tan rápido que no tengo tiempo de verle la cara a la chica que sale de Cal Mingo riéndose porque lleva un gato dentro de una caja de zapatos.

Quan cuino, és como si ho posés tot a risc,

i escampo la sal, li agafo mania

a cada llumí. Quin remei! Poso un disc,

i Bach i Beethoven em fan companyia.

Arrenca, fantàstic, el vol del violí

damunt la cassola amb aigua que ulula,

i les melodies són un remolí

que esquitxa la taula, fent taques a l’hule.

Que estrany! Tantes notes, en un dos per tres,

m’arriben al cor, quan estic enfeinada,

però si ecoltant-les no faig res de res-

no hi caic, em distrec, tinc la ment despistada.

Qui sap si és igual la recerca de Déu,

i mentre et dediques a les petiteses

banals, quotidianes, és més a prop teu

que si reflexiones, el crides i reses,

i si no el preguntes, et dóna resposta

de més bona fe, que si el temptes a posta.

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Todo está en peligro cuando cocino,

derramo la sal, le agarro manía

a la cerilla. No hay remedio, opino.

Bach, Beethoven me hacen compañía.

Alza, fantástico, el vuelo el violín

a la cazuela de agua cantarina,

melodías saltan en trampolín,

salpican la mesa y el hule se arruina.

¡Qué increíble! Las notas, de repente,

me llegan al alma si estoy ocupada,

pero cuando escucho nada se siente,

incluso la mente va despistada.

Si buscáramos a Dios es posible

que mientras te afanas en las tareas

banales, diarias, sea más visible

que si meditas, rezas, lo mareas;

si no le preguntas, te da respuestas

con más agrado que si lo molestas.